Cospedal y el angelito negro de Washington

Marcello se ha ido a Washington huyendo de esta España nuestra donde todos lo días aparece un nuevo caso de corrupción. Ahora le ha tocado el turno al ex alcalde de Toledo del PP Jose Manuel Molina, por presunta corrupción en la recaudación de fondos para la campaña de Cospedal. Los niños toledanos cantan a las puertas de la catedral: ‘al pasar por Toledo/ me corté un dedo,/ me hice sangre, y una niña bonita/ me dio un pañuelo,/para secarme’.

Vaya por Dios, el otro día fue Rato, luego Acebes el ex secretario general del PP y ayer ha sido el alcalde y ‘ayudante’ de Cospedal, la actual secretaria general. Y Mariano Rajoy con esos pelos mientras torea al morlaco catalán, y Soraya con la media sonrisa de la Gioconda viendo como vuelve a patinar la Cospedal.

La misma María Dolores -’envidia te tienen las flores…- que, tras chivarse a Pedro J. sobre los sobresueldos de la contabilidad B del PP, llevó el caso rematadamente mal, se peleó con Luis Bárcenas y abrió la caja de los truenos mediáticos y también la judicial, después que ella dijera eso de ‘que cada palo que aguante su vela’. Lo que obligará a Cospedal a llevar un cirio encendido en la próxima procesión del Corpus de Toledo, donde lucirá la peineta de carey y la mantilla de encaje que tanta risa le daban a la Ferrusola -¡vayase a la mierda!-, a la que ahora le tiemblan las piernas ante los líos judiciales de papá Pitufo Pujol, y de sus ‘siete niños de Écija’.

O sea, el caso Bárcenas regresa a Cospedal como un boomerang, y se estrella en el PP tras lo de Rato, Acebes y Molina, por causa de la poca habilidad de Cospedal al despreciar el coche bomba de los ‘papeles’ de Luis Bárcenas, quien aunque preso está por la gracia de Gallardón y de Torres Dulce de Membrillo y que, al final, se está comiendo frío su plato de la venganza. Suena el cuplé: ‘tengo un hermano en el tercio,/y otro tengo en regulares,/ y a Bárcenas, el más pequeño / preso en Alcalá de Henares’.

El otoño en Washington es espectacular. Junto al mausoleo de Lincoln los árboles exhiben sus colores rojos, rosas, morados y amarillos y la capital del mundo vive días apacibles porque los poderosos del Capitolio están en campaña electoral legislativa, de la mitad del Congreso, y hay poca actividad. Casi podría decirse que aquí sólo se ha quedado Obama a quien sus compañeros del Partido Demócrata no quieren ver en la campaña electoral, porque piensan que les quita votos por causa de su baja popularidad, el hecho de que -como en España- la recuperación económica no llega a las familias y por su merecida fama de blandito en la política internacional. Tan solo y compungido está el hombre, esperando las malas notas electorales de los Demócratas en noviembre, que Marcello, en la noche del pasado martes, lo vio deambular por entre las ventanas de la Casa Blanca como perdido en su propio hogar desde la terraza mirador del Hotel W de Washington desde donde se divisa la residencia presidencial.

En todo caso USA es otra cosa y el mejor sitio para emigrar -curiosamente nunca lo hicieron los españoles a gran escala-, mientras Madrid sigue siendo un pueblo, y Barcelona una aldea donde el independentismo catalán está más perdido que ‘el barco del arroz’, al que le entró una ola, se inflo el grano y reventó, como va a reventar nuestro país si las cosas siguen como van.

¿Y Rajoy, qué dice de Rato, Acebes y Molina? Nada, Mariano se calla, se hace el muerto. Él está en otras cosas de Estado como la ‘algarabía’ catalana, las nuevas medidas del BCE y la política europea e internacional. Mariano aparenta que casi nada le afecta o va con él. Vive como un niño ‘burbuja’ envuelto en su cámara de cristal, a pesar que tiene su partido patas arriba y en víspera de un buen lío judicial.

La verdad es que desde Washington la panorámica que se ve de España es estremecedora y digna de una película titulada ‘Tempestad sobre Madrid’. Por eso me llama Pepe Oneto para decirme lo de ‘no vuelvas que es peor’ y contarme como van las cosas por allí y le respondo que el ruido no llega hasta aquí y que en esta ciudad se duerme muy bien, a sabiendas que los ‘ojos de serpiente’ rojos del obelisco vigilan por nuestra tranquilidad. Aunque el que no pega un ojo es Obama, que deambula en pijama por la Casa Blanca  y sin poder descansar. Yo le diré a Obama que piense en Rajoy, tumbado en su sofá blanco de la Moncloa, fumando se un Cohiba y viendo el partidazo del Real Madrid-Barcelona del sábado y, entonces, el presidente americano se dormirá como el angelito negro que parece ser -como los de Antonio Machín-, por más que esta ahora en horas bajas y sobrado de ingenuidad.