Jaime Castellanos entra en el baile

Mire usted por dónde tirando de las cerezas del cesto podrido de Bankia/Caja Madrid ha entrado en el baile -‘que lo baile, que lo baile, que lo quiero ver bailar…’- Jaime Castellanos. El que por apellido parece castellano, aunque nació en Bilbao y le gustaría ser andaluz, mientras pasea por la sierra de Sevilla con ese viejo sombrero de ala de cuervo, bajo el que esconde la imagen de un especulador -vendió por dos veces Recoletos- que fue carne del cañón de la pirámide exquisita de Madoff, su propia medicina.

Un falso castellano que siempre soñó con emular a Juan Kindelán -fracasado en ‘La Información’ vía Internet-, como editor. Un Jaime Castellanos que jugó a influyente caballero de Madrid y a la ruleta del mundo de la comunicación, donde enredado está en guerras cainitas de Vocento en las que nadie sabe qué hacer con la fusión con El Mundo, la escisión del Grupo Correo o el ABC que, a estas alturas, regresó a las viejas portadas de ¡Gibraltar español!

Resulta que don Rodrigo Rato, el ‘socias’ de Jaime Castellanos, con quien imaginamos que hizo algunas mangas y capirotes en los tiempos del presidente Aznar (otro que está ‘en capilla’ y callado como un muerto ante el lío de Caja Madrid), acabó enredando a Castellanos en la quiebra y lío judicial de Bankia que ya veremos cómo acaba y qué les cuesta a estos dos artistas de relumbrón.

Porque don Rodrigo -que orgulloso camina hacia ‘la horca’- le concedió desde Bankia pingëes contratos a la banca Lazard, que preside Castellanos y donde Rato había sido un alto cargo poco antes de desembarcar en la presidencia de Caja Madrid, una vez que regresó a España tras su huida, no explicada, de la dirección del FMI. Además, ahora se descubre que hubo un pago de seis millones de euros de Castellanos/Lazard a Rato del que ninguno informó al juez y donde pudo haber existido presunta comisión o juegos de ‘stocks options’ irregulares y premeditados -por los contratos recibidos, o a recibir, por Lazard de Bankia. Como parece que existe un falso testimonio de Castellanos, amén de los muchos errores y desafueros que adornan el paso de Rodrigo Rato por la presidencia de Bankia y Caja Madrid. Señor, Señor, ¡cómo viene la prensa!

Lo peor de Jaime Castellanos es que pretende ser gracioso -tiene la gracia donde las avispas- y su mala educación. Y ahora, mírelo usted, enredado en el círculo vicioso y mediático del infierno de Dante -donde también acabará J. Kindelán- porque él, y su amigo Rato, siempre se creyeron más listos e intocables que los demás. De ahí las secuelas políticas de la quiebra familiar de los Rato en Rebecasa, que el ex vicepresidente de Aznar palió de sospechosa manera, lo que le costó la sucesión en el PP que se llevó Rajoy.

Años hace que Castellanos nos debe una explicación, pero ahora está ocupado en explicarse ante el juez. Aunque debería saber este presumido y desleal, que existe la maldición del Castillo galo de Perilleux, donde habitó Montaigne y luego el mago Julio Cerón, descendiente directo de Merlín de Camelot y autor del conjuro que clama contra todo aquel que agreda el alma y la libertad de periodista independiente, que habita en el pequeño Marcello. Hay casos de los efectos demoledores de la maldición. Ocurrió con el crimen del El Independiente a manos de la ONCE y por orden de Alfonso Guerra. Julio Cerón, tras hacer sus ablaciones, miró al cielo y sentenció: ‘Durán, se quedó ciego’.

Jaime Castellanos -que en deuda está de cortesía- anda en coplas de ciego de Caja Madrid con su sombrero de ala de cuervo y la mirada perdida porque sabe que hoy en los tribunales cualquier cosa puede ocurrir porque los jueces y los fiscales atentos están a la corrupción y a la caliente alarma social. Y, conste, que a nadie le deseamos ningún mal, pero la maldición no la podemos frenar. Juan Kindelán si podría escaparse porque Chata, su hada madrina, lo puede salvar.