Las tribulaciones de un chino en China

Mientras en España caen chuzos informativos de punta Mariano Rajoy, nuestro impávido presidente del Gobierno y sabedor de las profundas raíces sobre las que crece la economía de España, se nos ha ido a Pekín con viento fresco de cola y a compartir un pato laqueado y unos rollitos de primavera con el jefe del Gobierno de ese gran país quien, una vez liquidada -por Gallardón, claro está- la Ley de la Justicia Universal está encantado con España y ha recibido a don Mariano como si fuera el mismísimo Marco Polo. Y ahí, en China, está tan campante Rajoy, el vivo retrato con gafas del Apóstol Santiago reinventando las aventuras de Kin-fo, que Julio Verne nos relató en ‘Las tribulaciones de un chino en China’.

Lejos de allí, en Londres, esa tenebrosa ciudad, David Cameron acaba de revelar que escuchó ‘ronronear’ de placer a la Reina Isabel II de Inglaterra cuando la soberana supo que Escocia no se iría del Reino Unido. En Londres la capital de la bruma por donde ronronea, como gata en celo, la princesa Corinna cerca de la dorada mansión de Eaton Place, de la que tanto saben Fasana y Javier Monzón. En Londres, Scotland Yard y los descendientes de Sherlock Holmes todavía están buscando la identidad del asesino en serie que fue Jack, El Destripador.

Un malvado implacable que, traído por los pelos al campo de la política española y a las luchas intestinas del poder, bien podría identificarse con Rajoy vista la escabechina de dirigentes del PP que el impávido Mariano, hoy chino en Pekín, llevó a cabo sin pestañear. El último en caer fue Alberto Ruiz Gallardón, cuya cabeza separada del cuerpo sigue dando las gracias a su matador mientras rueda por la escalera de la Moncloa, imitando lo que siglos atrás ya hizo la cabeza sin el cuerpo del negro Al-Lubiyá, un falso eunuco descubierto en el harén del Sultán Mustafá quien al adivinar el engaño lo mandó decapitar con el alfanje de plomo para que sufriera un poco más.

Gallardón se ha ido pero volverá porque envenenado está con el filtro mágico de política y esa enfermedad no tiene curación. Ahí está de regreso su buen amigo Alfredo Pérez Rubalcaba, que dijo hace un par de meses que se retiraba a la Universidad y ha vuelto y publicado en el El País un artículo sobre la polémica del aborto pidiendo a Rajoy que retire el recurso de inconstitucionalidad que presentó contra la polémica ley actual.

No pueden vivir sin la política aunque, justo es decirlo, el final de Gallardón ha estado envuelto en una cierta crueldad. Y todavía y con una meliflua sonrisa la vicepresidenta Soraya, levantando la trompa de su naricilla -como lo hacía el pequeño paquidermo hijo Coronel Hathí, el elefante y amigo de Mowgli de ‘El Libro de la Selva’- se permitió decir que ella aprendió mucho de Gallardón porque el exministro tenía ‘una gran visión política’ (sic) ¡Qué maldad!

¡Pobre Gallardón! Y, ahora, ¿a dónde irá? No se sabe pero no me extrañaría que recale, por ejemplo, en ¡el Real Madrid! con su amigo Florentino Pérez, o dentro de un tiempo en ACS, o con Alberto Cortina en el banco negro senegalés que está montando con Blas Herrero y donde quisieron enredar a Alfredo Sáez. O, a lo mejor monta Gallardón, una naviera con Fernández Tapias, el viejo Fefé, o se va con Lalo Azcona de gran comunicador. Vamos Alberto hará lo que quiera, se lo van a disputar y volver volverá.

¿Y el chino Rajoy? Pues tan contento y afilando la catana que le acaba de regalar su homólogo en Pekín y que le gustaría estrenar sobre el ancho cogote de Artur Mas.