Podemos no puede

Desbordados por el éxito y presos de su modelo asambleario los primeros dirigentes de Podemos, encabezados por Pablo Iglesias, están considerando aplazar su presentación electoral nacional hasta las elecciones generales de finales de 2015, renunciando a la cita municipal y autonómica de la próxima primavera. Una decisión sabia para algunos -retirarse a tiempo- y errónea para otros -huir de la política local- porque ello causará decepción y desmovilización de sus seguidores. Y también cierta confusión ideológica porque la opción de Podemos se diluirá en la campaña municipal girará en el entorno a Izquierda Unida y el PCE, que les guste o no, también representan a ‘la vieja política’.

Los motivos de este paso atrás de Podemos son claros: no están en condiciones de articular el nuevo partido en solo unos meses, ni disponen de los candidatos suficientes y contrastados -para no llevarse sorpresas- para acudir a las elecciones municipales y en gran número de los cerca de 8.000 municipios del país. Máxime cuando temen o saben que en su incipiente organización pueden haberse colocado o situado militantes infiltrados de todo tipo, a los que no conocen y que, en cualquier momento podrían abrir una crisis de identidad o escándalo en el seno de Podemos. Sobre todo si alguno de los infiltrados acaba por ocupar alguna plaza destacada en el ámbito autonómico o municipal desde donde se podría plantear serios conflictos.

Sin embargo, el paso hacia atrás de Podemos constituye por otra parte el reconocimiento de su equipo directivo de no estar, al día de hoy, capacitados ni organizados para canalizar la avalancha de seguidores y potenciales votantes que han surgido a su alrededor en menoscabo del bipartidismo PP-PSOE. Y especialmente de IU y del PSOE que verán abierto el cielo municipal ante la retirada de Podemos, por más que este partido se sume a plataformas de corte unitario de la izquierda como Ganemos, en la compañía de IU y del PCE que parecen estar dispuestos a todo con tal de no ser fagocitados por la nueva formación de Pablo Iglesias a la que las encuestas sitúan como la tercera fuerza política del país.

¿Un tercer partido político de España que no se atreve a entrar en la campaña electoral de las elecciones municipales que tiene ante sí y con ocho meses por delante? El riesgo que corre Podemos de desmovilización de sus seguidores con semejante cambio es muy grande, y en cierta manera constituye un fracaso político de gran alcance, que va a ser muy difícil de explicar a sus seguidores y potenciales votantes. Los que de momento han quedado al margen de esta importante decisión de la ‘élite’ dirigente de Podemos, a la vez que su iniciativa parece confundirse con una refundación de IU y siempre con el PCE como anclaje supremo de la operación.

Sobre todo porque la vida local y municipal es la más cercana a los ciudadanos, mientras el Parlamento Europeo y el Congreso de los Diputados son instituciones políticas donde se desarrollan las actividades de la élites o dirigentes de la política, que Podemos ha criticado con suma dureza en los últimos meses.

De manera que vamos a ver cómo discurren los debates internos en Podemos y cuál es la última decisión que adoptan de cara a los comicios de la primavera de 2015 que son sin duda determinantes en el mapa político nacional. Y constituían la gran oportunidad de Podemos por la cercanía, de apenas, un año entre las elecciones europeas que lanzaron a Podemos al estrellato y la cita municipal. No en vano el tiempo breve entre campañas electorales jugaba un papel a favor de Podemos, pero si se retiran de las municipales el tiempo y lo que ocurra en esa campaña podrá jugar en su contra al demostrar que no están preparados para canalizar en el plazo de un año su potencial político y electoral.