El Zar y el Califa

España en guerras no, gracias. No está este país para más ruidos y como se dice en el ministerio de Defensa mejor nos quedamos en ‘la retaguardia’, de estos conflictos bélicos que se han desatado en Ucrania y Oriente Próximo. Sobre todo ante el renacer de Putin como Zar de todas las Rusias y la fantasmal aparición de un falso Califa, que dice presidir el llamado Estado Islámico sin tierra y ubicado a caballo entre Irak y Siria. Lugares por donde deambula con sus banderas negras, sembrando el terror y dejando tras de sí un reguero de crímenes entre los que figuran las ejecuciones de periodistas que han conmocionado la opinión pública mundial.

La vieja OTAN que se hibernó al término de la guerra fría renace de entre sus cenizas como un Ave Fénix viejo y desplumado que intenta retomar el protagonismo en Europa ante los desafíos y la intervención de Rusia en la guerra de Ucrania, donde Putin ya se hizo con el control de Crimea y todavía aspira a conquistar en Ucrania el territorio por rusa donde los rebeldes, ayudados por Putin, mantienen un alto nivel de combate y ya están llegando al mar.

Ante estas circunstancias los aliados atlánticos, desconcertados, le han propuesto al gobierno de Kiev su ingreso en la OTAN. Pero lo hicieron con la ‘boca chica’ porque saben que Moscú considera semejante decisión una agresión y ha dicho Putin que, en caso de conflicto, sus tropas solo tardarían dos semanas en llegar a Kiev.

Lo que pone los pelos de punta a la OTAN donde se habla de una fuerza de intervención rápida de unos  4.000 soldados que no es precisamente un ejército de choque ni con capacidad de disuasión. Asimismo, la Alianza moverá barcos en el Mediterráneo Oriental y Mar Negro, y por allí andará la fragata española Juan de Borbón como aportación española a esta presencia naval, que llega tarde en el socorro de Ucrania y no tendrá ninguna efectividad militar.

En el frente yihadista del Califato de banderas negras, España no quiere ni oír hablar de envío de tropas o de armas a esa guerra por muchas razones políticas y porque no están los presupuestos del Estado para gastos suplementario en materia de Defensa. Eso sí, España se puede quedar en ‘la retaguardia’ y dar apoyo logístico -con las bases españolas- y entrenamiento a los adversarios del Califato pero poco más.

Máxime cuando Obama y sus aliados se resisten a enviar nuevas tropas a Irak -país donde los EEUU llevan ¡24 años! en guerra intermitente- y por ahora se limitan al apoyo aéreo para destrozar desde el aire el ejercito del famoso EI (Estado Islámico) que se ha convertido en pesadilla internacional para Occidente y también para los países árabes ante el despliegue sin límite de su violencia demencial.

Gran Bretaña ha anunciado que se sumará a los bombardeos de los Estados Unidos contra el Califato, desde donde se reclama de manera pintoresca la reconquista del Al-Andaluz, lo que debería de ser tenido en cuenta por los servicios secretos españoles que no deben de olvidar los atentados de 11-M de 2004, ni tampoco la permeabilidad de las costas fronterizas españolas.

Al fondo de todo esto está la contradicción del liderazgo que emana de los Estados Unidos donde Obama se resiste a meterse en una nueva guerra, pero tiene que liderar el ataque frontal para poner punto final al temible Califato, lo que será muy difícil sin intervención terrestre. Y lo que está creando un cambio urgente de alianzas en Oriente Próximo, por ejemplo entre Washington y Damasco que hasta ahora eran adversarios directos.

¿Qué hará la OTAN con el Zar y con el Califa? Advertencias al Zar y bombardeos al califato, pero poco más, mientras los aliados debaten el presente y el futuro de la OTAN.