Recepción en Palacio

Qué bonito estaba el centro de Madrid, ornado de banderas, flores y policías, y qué bien ha salido la Proclamación de don Felipe VI en el Congreso de los Diputados y la escena del balcón de Plaza de Oriente con los vítores del medio pueblo allí presente, y besos y saludos de la Familia Real (la nueva, a salvo de la inclemencia del caso Nóos de los Duques de Palma). Y qué calorina que pasamos en los salones del besamanos del Palacio de Oriente donde el rey don Felipe VI y la reina doña Letizia se armaron de paciencia y de sonrisas para recibir a una muy amplia representación -se dice que escasa en lo cultural- de la sociedad española.

El rey don Juan Carlos está triste y satisfecho, la Reina Sofía -la más aplaudida en el Congreso- henchida de felicidad, y nuestras dos infantitas, la princesa Leonor y doña Sofía viviendo su cuento de hadas, con su tía Elena siempre emocionada y la tía Cristina en capilla y a la espera de una importante decisión judicial. Y don Felipe VI de Capitán General y la reina Letizia, la estampa viva de la felicidad.

Artur Mas no aplaude el discurso el discurso del Rey porque dice que España no es una sola nación, y porque él ya está en la línea del ‘conflicto’ que pilota ERC. Y lo mismo hace Urkullu para no perder el pie, pero sin ‘conflicto’, palabra que en Euskadi lideran los de Bildu y Amaiur para justificar lo injustificable de ETA.

A Rubalcaba casi no se le ve, mientras Susana Díaz anaranjada dice que su momento no ha llegado en un PSOE a la deriva y sin PSC, mientras el PP disimula y se lame en secreto las heridas del 25-M, porque saben que las municipales están al caer, que ya han perdido el centro como pueden perder Valencia y Madrid, capital donde Esperanza Aguirre -vamos a hacer las paces- pronto echará el órdago que medita, convencida de que la necesita Rajoy. Como la Moncloa necesita rehacer, y con urgencia, sus relaciones con la prensa de calidad frente al ruido de los tertulianos de medio pelo (de la mano van Maruhenda y Mauricio Casals), y en el aire de palacio se perfila la fusión de dos o de los tres diarios conservadores de la capital, El Mundo, la Razón y ABC, el de la Monarquía de don Felipe VI, donde su Consejero Delegado, Luís Enríquez, nos asegura que pronto va a sorprender (Dios le oiga, porque me debe un café).

No habló el Rey Felipe en las Cortes ni de curas ni militares, por más que lucía el fajín de Capitán General y por Palacio se vieron los padres constituyentes, Pérez Llorca (nos dimos una abrazo), Roca y Herrero, como en un balcón del Congreso estaban, como reliquias de ayer, González, Aznar y Zapatero (este último con sus aires de M. Bean). Los tres con dispares balances, en lo malo y lo bueno, pero unidos en sus pésimas salidas del poder, como también les pasó a Suárez (héroe de la transición) y Calvo Sotelo. Por lo que, dicho está, el único líder que, por ahora, ha salido indemne ha sido el Rey Juan Carlos I, de cuyo inmediato futuro pronto tendremos más información.

Por allí va Raúl del Pozo (pronto ‘felipista’ pero de Rey, nada que ver con ‘Glez.’ que decía Paco Umbral). Por allá va Pepe Oneto, grande de la transición, por aquí viene Zarzalejos, el que cantó la abdicación. Carlos Herrera es el amo de la radio y del Palacio, en cuyos salones está de moda ‘Republica.com’. El convidado de piedra sigue siendo Peñafiel que, en esto de la realeza, continua siendo el Rey. Y escondido en su atalaya anda por ahí Pedro J., afilando la guadaña con la que piensa segar las cabezas de sus ‘sicarios’ porque, el muerto, vivo está.

¿Cómo de grande es el gato escondido de la abdicación del Rey? Esa es la gran pregunta de la jornada de ayer. Lo saben solo unos cuantos de los que en Palacio estaban y si alguien les pregunta por las claves del misterio, disimulan o divagan, mientras dicen sobre el fasto que ‘todo salió muy bien’. ¿Dónde está el de la coleta, Pablo Iglesias, de Podemos? A la recepción no fue (hubiera sido la estrella) lo suyo es la Puerta del Sol que ayer tomaron los polis de Cifuentes en tropel.

Se acabó la transición. Aquí reina don Felipe VI, y ayer fue el día sonado de su proclamación. Ha empezado un tiempo nuevo y para muestra un botón: en Madrid al anochecer cayó un chaparrón de agua, un diluvio universal que borró todas las huellas de un tiempo que se acaba y de otro que ahora vamos a estrenar.