El triunfo de Podemos

El nuevo partido ‘Podemos’ dio la campanada en las elecciones europeas levantando en muy poco tiempo y casi de la nada cinco escaños del Parlamento Europeo y 1.200.000 votos. Y todo ello sobre la base de un programa radical de izquierdas y una acción política y electoral esencialmente basada en las redes sociales con las que han sabido suplir la desventaja mediática que sufrían ante los partidos tradicionales de PP y PSOE y las minorías que tenían escaños en el Parlamento Europeo, ahora convertido en trampolín del desembarco de Podemos en la política nacional.

Este partido que lideran Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero ha sabido, sobre todo, contactar con un amplio sector de la ciudadanía que va desde el colectivo de los indignados del 15-M (de los que ellos no se reclaman herederos) hasta los confines del PSOE, su enemigo a batir -como ‘partido de casta’ que lo llaman- ante la enorme decepción que provocó en la izquierda el gobierno de Zapatero y la posterior oposición de Rubalcaba.

Pero el ímpetu y la audacia de los dirigentes de Podemos, a los que en TVE se les calificó de ‘frikis’ en plena noche electoral, ha encontrado un sitio en el ámbito de la izquierda y revolucionado el mapa político del flanco zurdo de este país donde PSOE e IU se muestran desconcertados y los seguidores de Cayo Lara un tanto preocupados y ofreciéndoles, -a Podemos- por la boca de Willy Meyer, un pacto de unidad de ‘la izquierda real’ frente al hoy denostado bipartidismo de PP y PSOE.

No será fácil ese pacto con IU, porque Podemos está surfeando en la cresta de la ola europea y tienen a la vista -para dentro de un año- las elecciones municipales y autonómicas de 2015, donde sus concejales y diputados autonómicos pueden ser determinantes a la hora de formar gobiernos en Ayuntamientos y Comunidades, en la que será su ‘prueba de fuego’ definitiva si logran mantener su actual ritmo de crucero y avanzan con paso firme en el campo electoral, sin un tropiezo flagrante que los conduzca a eso que se llama ‘morir de éxito’.

De momento, nadie les puede discutir el mérito de su triunfo en las elecciones europeas por más que algunos lo atribuyan a lo que han llamado liderazgo mediático del profesor Pablo Iglesias, algo que nunca está de más en la sociedad comunicada en la que ahora vivimos. Máxime cuando se trata de abrirse camino frente al club cerrado del régimen español. Pero hay muchas cosas que aún faltan por conocer de Podemos, sobre la reforma necesaria de la Constitución, el ideal del modelo democrático, las libertades de expresión y política, el modelo electoral y territorial del Estado, etc. Cuestiones todas estas esenciales de las que han dado algunas breves pinceladas, una vez que pusieron el acento en la crisis del paro y la defensa a ultranza de los desamparados de este país.

Pero todo se andará porque, a partir de ahora, los grandes medios y los ciudadanos los van a seguir con el mayor interés y tendrán en el Parlamento Europeo la oportunidad de hacer otra política y de tomar iniciativas como las que han pregonado en contra de los ajustes de Merkel y de las políticas del BCE.

En todo caso los de Podemos, y con ellos una buena parte del espíritu del 15-M, ya están ahí. Han llegado y no con un puñado de votos y un escaño como ellos mismos buscaban al principio, sino con una eclosión de votos y escaños que a ellos mismos les ha podido sorprender, por más que a Pablo Iglesias todo le ha parecido poco, porque ambiciona mucho más para cambiar este país. Lo que es mucho decir, aunque de momento han puesto a toda la izquierda a cavilar y a buen seguro que los otros partidos de este flanco de la política los van a vigilar, empezando por IU, donde temen su competencia y su capacidad de moverse en las redes de la modernidad.