Nada está escrito

Estamos en la hora de los imponderables, de los hechos imprevisibles y no esperados que, en un país como España suelen causar estragos en medio de la fragilidad general en la que vivimos con todo o casi todo pillado con alfileres. El crimen de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, cayó como una bomba en la campaña electoral europea y entre la clase política, y se pensó que emocionalmente beneficiaba al PP y por eso se retrasó el debate televisivo de Cañete y Valenciano. Al tiempo aparecieron las declaraciones de Felipe González, otro que como Aznar no deja de dar la matraca, pidiendo un Gobierno de coalición PP-PSOE, y a Rubalcaba casi le da un soponcio mientras desde IU y UPyD se aprovechaba la ocasión para decir que ambos partidos son iguales e intercambiables.

Y en estas estábamos cuando apareció el juez Ruz con los casos Bárcenas y Gürtel bajo el brazo instructor, diciendo que hay un político del PP con seis cuentas opacas en Suiza, y que tiene claro que el PP se financió ilegalmente y repartió sobresueldos en dinero negro. En la otra orilla de río Guadalquivir a Maleni Álvarez le han embargado seis casas y sus sueldos para empatar este partido de la corrupción que no cesa y crece sin control. Y que ya veremos hasta donde llega una vez que da la impresión que ni Ruz, ni Alaya, ni Castro (el juez de Nóos) se atreven a tirar hacia arriba con todas las de la ley.

De manera que todo son sorpresas, novedades e imprevistos. Y por sí algo faltara se pega un batacazo la Bolsa de Nueva York y el pequeño tsunami llega a Europa aporrea el IBEX español y en un santiamén nuestra querida ‘prima de riesgo’ sube cerca de 30 puntos, de los 140 a los 170, dando fe de la fragilidad de la situación española, y echando por tierra el discurso de Rajoy (y de Cañete) sobre lo bien que van las cosas en España, lo que no es verdad, por más que algo se ha mejorado. La deuda pública siguió creciendo y se acerca al 100% del PIB, una barbaridad.

Como le dijo Peter O’Toole a Omar Sharif en la película de Lawrence de Arabia, cada uno en su papel, ‘nada esta escrito’. O mejor dicho ‘todo está por escribir’. Sobre todo en España, país en el que Rajoy dice ser un presidente ‘previsible’ pero en un país imprevisible, por lo que de aquí al día 25 de mayo de estas elecciones todavía muchas cosas pueden pasar. Pues sí, en esas ‘cosas’ de las que suele hablar Rajoy sin precisar ni dar detalles, pero que están ahí al acecho y que pueden saltar a la primera plana de la actualidad en cualquier momento. Miren lo de Ucrania, Putin, de momento, se ha quedado con Crimea y los procesos secesionistas ucranianos han caído como un jarro de agua fría sobre el independentismo catalán, porque la UE ha denunciado esas consultas como ilegales y antidemocráticas.

¿Lo ven? No estamos a salvo, por más que los inversores extranjeros se hayan instalado en nuestro país a la caza de gangas sobre las que puede pasar de todo: que de pronto suban de precio y hagan un buen negocio o que se vuelvan a caer bajo mínimos con lo que ellos mismos se habrían metido en su propia trampa. Pero sin riesgo no hay buen negoció eso es así. Y ahora el país está pendiente de lo que haga o no haga Draghi en el BCE a mediados de junio, aunque eso llegará después de las elecciones europeas en curso donde de momento manda la abstención, un pronóstico difícil de cambiar por más que mejore algo la participación. Eso sí está escrito, y se va a confirmar, porque la gente está cansada de la política y de los políticos y muchos no votarán.

Sobre el autor de esta publicación