Cañete y Caperucita

Cañete no sólo ha perdido el debate frente a Valenciano sino que también perdió la cabeza con sus comentarios posteriores, machistas y presuntuosos, donde vino a decir que no exhibió su agresividad y ‘superioridad intelectual’ para no parecer machista frente a una mujer. ¿Será memo? Estamos ante una epidemia de ‘abogados del Estado’ del Gobierno y del PP que nos han salido ranas, a pesar de que llegaron con muchos bríos. La primera, Cospedal -ahora castigada por Rajoy y alejada de la campaña electoral europea- que ni sabe hablar ni dice la verdad, como se vio con lo del finiquito ‘en simulación’ de Bárcenas. Luego la vicepresidenta Soraya -’en mi puta vida…’- que ha aprendido en poco tiempo lo peor e la política y ha dilapidado la presunta buena fama y la simpatía que la acompañó a su llegada a la Moncloa. Y ahora le ha llegado el turno a Cañete, convertido en Papá Pitufo en los carteles azul intenso del PP, y derrotado por K.O. en el combate electoral de TVE, a manos de Elena Valenciano (‘Million dólar baby’).

Lo único que ha conseguido Cañete con ese debate ha sido despertar al PSOE de la larga siesta de Rubalcaba, sacar a Valenciano del cuarto oscuro en el que se encontraba y, al final, enfadar a las mujeres del PP, tras hacer gala de su incapacidad política y dialéctica y de sus aires machistas de señorito jerezano, lo que por otra parte no le quita el mérito de haber sido un buen ministro de Agricultura.

Sin embargo, Cañete no es el único culpable de esta derrota, sino y sobre todo el equipo de los asesores electorales del PP que dirige Pedro Arriola, que se han dormido como la ufana liebre, mientras la tortuga continuaba con su paciente caminar. ‘Esto de las Europeas es un paseo militar’, decían en Moncloa presumiendo de haber desinflado las encuestas que le daban una ventaja clara al PP, para no desmovilizar a su electorado. Y puede que, a pesar del fiasco del debate, el PP siga siendo favorito y probable ganador, pero antes no tenían un adversario y ahora tienen dos: Valenciano y Cañete.

Al fondo de todo ello aparece la soberbia del poder, la ceguera política y una pésima estrategia de comunicación del Gobierno de Rajoy, basada en el control mediático y el desprecio a la opinión pública, amén de la incompetencia de sus equipos de comunicación. Ni hay ganas de comunicar, ni hay talento. Y, con esos mimbres, se fueron al debate televisado convencidos que Cañete se comería a Valenciano como el lobo feroz a Caperucita y se equivocaron porque Cañete no es tan fiero como lo pintan de azul Pitufo, ni tan listo como el se cree. No en vano siempre se ha dicho que hay ‘tontos en cinco idiomas’ -se decía de Madariaga’- y, al menos en este caso, parece que es verdad.

Y mira que lo tenían fácil. En vez de poner el disco rayado de la herencia de ZP hubiera bastado con que Cañete preguntará a los espectadores si quieren el regreso de Zapatero a la Moncloa. O si al hablar Valenciano de la amnistía fiscal, la igualdad, el europeísmo de González y la guerra de Irak, a Cañete se le hubiera ocurrido citar el indulto de Zapatero al banquero Sáez, sus ministras con ‘glamour’, y recordar que González nos metió en la UE pero también en la OTAN y en el GAL y Zapatero en la guerra de Afganistán y en el escudo antimisiles, etcétera. Pero sobre todo el talón de Aquiles del PSOE estaba en la gran coalición propuesta por González lo que le había permitido a Cañete decirle a Valenciano de que están locos por entrar en un gobierno del PP.

Pero todo eso era pedir mucho a Cañete, Arriola, la Moncloa y al PP. Y al final se fueron al debate sin la menor preparación y sin que Cañete se molestará en estudiarse las cifras que luego leía a duras penas durante su penosa exhibición. Y colorín colorado  Caperucita Roja, vestida de azul, se comió al presuntuoso lobo feroz.

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