Rajoy se parece al Apóstol Santiago

No habíamos caído, pero visto junto a la imagen del Apóstol Santiago ahora resulta que Mariano Rajoy se parece al Santo y puede que esa coincidencia tenga que ver algo con el intento del presidente del Gobierno de provocar el milagro de la salida de la crisis y de la recuperación del empleo. La que ahora pregona su candidato Cañete con inusitada furia mitinera, y la que nuestro jefe del Gobierno pretende sacralizar, ante el primer ministro japonés Shinzo Abe, perfumándola con el incienso sagrado del botafumeiro de la catedral de Santiago de Compostela.

Es verdad que España es un país asombroso con récord del paro en Europa y la OCDE, pero con un incipiente optimismo que se aprecia en la fuga masiva de los españoles a las playas y campo en las pasadas vacaciones de Semana Santa y el ‘puente’ del primero de Mayo. Lo que demuestra más alegría en el gasto y el consumo nacional y lo que se une al notable ascenso del turismo. Si a ello se le añade el esperado anuncio de la bajada de impuestos y si el BCE abre la caja fuerte del crédito entonces la incertidumbre se convertirá en esperanza y esta provocará más la confianza que se atisba en los mercados y, colorín colorado, el milagro del Apóstol Rajoy se acercará por más que el crecimiento, el crédito y el empleo se hagan esperar.

Rajoy y Abe intercambian en Santiago vinos y sake, y el país se solaza en los triunfos del fútbol español, ahora con la Liga al rojo vivo tras la derrota del Atlético ante el Levante. Lo que le daría al Barcelona, trágico dilema, la oportunidad de ofrecer a su peor enemigo, el Real Madrid, la victoria del campeonato español si los blaugranas derrotan al Atlético en el último partido de la Liga.

Y lo que sería un trágico final para los esforzados colchoneros que además han de enfrentarse al equipo blanco en la final de la Champions en la víspera de las elecciones europeas en un partido donde los de Ancelotti -si cuentan con la ayuda del Barcelona- podrían lograr la tripe corona de Liga, Champions y Copa del Rey.

Y si a todo eso se le suma una holgada victoria del PP en los comicios europeos frente al PSOE, el milagro del Apóstol Rajoy estará entonces más cerca de la realidad. E incluso en Cataluña su fama milagrera le haría, en cierta manera, temblar a las huestes independentistas de Artur Mas.

De momento y mientras estalla la luz de los farolillos en la feria de Sevilla y se abren las puertas del coso de las Ventas de Madrid para la feria de San Isidro, desde Méjico nos llegan las noticias del sonado triunfo del mítico José Tomás en la arena de Juriquilla donde cortó dos orejas y donde hizo -según los afortunados que lo vieron- una memorable faena torera con la que agradeció a los mejicanos su renacer en sus tierras tras la grave cogida que sufrió en Aguascalientes, ahora hace cuatro años.

El circo político, deportivo, torero y festivalero español nos da un respiro a los españoles, por más que millones de familias vivan en muy difícil condiciones y otras en el umbral de la pobreza, lo que nunca hay que olvidar. Pero justo es reconocer que la gente ahora se agarra al clavo ardiente de la ilusión y de la esperanza y huye de los malos augurios -el discurso del PSOE de ‘lo peor está por venir’, ha sido un gravísimo error-, porque sin esperanza no hay manera de sobrevivir ni de luchar. En cuanto a Rajoy, todo puede ser una carambola del destino o un espejismo de corta duración, a sabiendas como sabemos lo que se oculta tras las paredes de la Moncloa o bajo la manta de la corrupción. Pero ahora se le ha puesto cara de Apóstol, y se parece a Santiago, como lo habrá comprobado el primer ministro japonés a su paso por esos lares de la Galicia profunda donde ‘meigas haylas,’ y en ese caso los milagros también.

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