Ocho apellidos vascos

Ahora resulta que los nacionalistas vascos también quieren la independencia y seguir los pasos de sus compadres catalanes, y pronto aparecerán los gallegos del BNG con igual cantinela como la que Bildu canta en Navarra. Y, a nada que nos descuidemos, los canarios se nos echarán al monte –el Teide gigante-, y puede que también los nacionalistas de Baleares, ahora que mengua la Familia Real (de 16 a 7 miembros) que visita Palma del Mallorca en la fiesta de la Pascua florida.

Y ya puestos, a no perder de vista el cantón de Cartagena y el reino moro de Valencia, convencidos como estamos que el día menos pensado veremos ondeando en la Alhambra de Granada el pabellón nazarí, mientras en Córdoba la multitud que reclama la Mezquita que se arrogó el obispo de la ciudad acabará solicitando la restauración de El Califato, que a buen seguro cuenta con más argumentos históricos y culturales que los ahora impostados que exhiben ciertos impulsores de la centrifugación de España.

Viendo este festival de patrias chicas diríase que España es un país donde los ciudadanos viven plácidamente y se aburren de lo lindo, motivos por los cuales han decidido independizarse los unos de los otros. O convertirse en federados, confederados, en Estados asociados, protectorados o en principados porque parece que lo de la unidad de España como la nación más antigua de Europa que es ya no se lleva. Y cinco siglos más tarde los unos y los otros han decidido reinventar la Historia y desintegrar el país.

Pero hete aquí que una modesta película titulada Ocho apellidos vascos, una inocente parodia de este disparate nacional ha batido todos los récords del cine español y con buen humor ha puesto el dedo en la llaga y ha dejado en ridículo los fuegos de artificio que ciertos artistas de la política han lanzado sobre el cielo español en este tiempo de crisis y padecimientos donde la solidaridad entre los pueblos y regiones de España es más necesaria que nunca para abordar los verdaderos y más urgentes problemas de la nación que son los que afectan directamente al conjunto de la ciudadanía.

Ahora que el mundo se globaliza y que la Unión Europea busca su integración y que el idioma castellano triunfa en toda América -con 60 millones de hispano parlantes solo en  Estados Unidos- en España se ha puesto de moda la centrifugación del Estado con discursos impostados sobre los ‘sentimientos’ que la película de Emilio Martínez Lázaro ha desbordado con una sencilla historia de amor. Y algo parecido ocurrió con el triunfo de ‘la roja’ en el mundial de Suráfrica y no hace mucho también a la muerte de Adolfo Suárez por todo el territorio nacional. Y estos sí que son espontáneos y sentidos sentimientos que la otra clase política, la unitaria y oficial, tampoco sabe ni transmitir ni explicar.