Sabor a merengue y ‘mona’ amarga

Los jugadores del Barcelona saben jugar y saben perder y sus modales deportivos y exquisitos están muy por encima de su clase política, que se empeña en utilizar al Barça como ariete de sus andanzas secesionistas despreciando a los miles de seguidores que el equipo catalán tiene en el resto de España. Los que ayer han sufrido con la derrota blaugrana, que se suma a la eliminación del Barça en la Champions y a la casi imposible victoria en la Liga.

Tres derrotas bien encajadas por un equipo con pundonor y clase que sigue haciendo un juego bonito y que ayer se encontró con un palo de la portería de Casillas que le impidió a Neymar empatar el encuentro en el último suspiro y poco después de la esplendida cabalgada de Bale, quien, con esta victoria, ha empezado a pagar una buena parte de los 100 millones de euros que le costó al Real Madrid.

Menuda racha lleva el nacionalismo catalán. Primero el Congreso de los Diputados les ha dicho que no a la consulta secesionista, luego la Unión Europea les ha vuelto a desmentir su pretensión de seguir en la UE en caso de independencia, y ahora el Barça pierde en Mestalla, en presencia de Artur Mas y bajo la presidencia del rey Juan Carlos, mientras Mariano Rajoy se fumaba un cohíba en Doñana y festejaba la victoria del Madrid, mandándose SMS con Rubalcaba, otro que está a favor de los blancos y en contra de las aventuras de Artur Mas, por más que insista en su discurso de lo federal.

La independencia está verde y el Barça multicampeón de la era de Guardiola se está haciendo viejo y necesita una renovación del equipo. E incluso de estrategia, porque sus adversarios ya le han descubierto el truco de magia a los pupilos de Pep. Empezando por el Atlético de Madrid que supo neutralizar a Messi, que es lo mismo que hizo ayer el Real Madrid, con su juego de potencia y largos contraataques que, primero con Di María y después con Bale, supo lanzarse a la carga y marcar dos goles a Pinto, quien desde luego no estuvo a la altura del aún lesionado Valdés.

Fue la fuerza del Madrid la que le dio a la final de la Copa del Rey el dulce sabor a merengue de la victoria y dejó al Barça con el amargo chocolate de las ‘monas’ de Pascua y de la derrota. Una victoria blanca sin Cristiano Ronaldo que da moral a los jugones de Ancelotti -que estrena título- de cara a su temida cita con el Bayern de Múnich en las semifinales de la Champions.

Mientras que al Barcelona solo le queda ganar todos los partidos que le restan en la Liga y rezar para que pinchen el Atlético y el Real en pos de su única oportunidad de triunfo en esta temporada en la que su entrenador, el Tata Martino, ha mantenido el equipo en lo más alto de los campeonatos pero de momento sin lograr ni un solo título, lo que pondrá en duda su permanencia al frente del vestuario en la próxima temporada.

El encuentro, como se esperaba, comenzó con silbidos en contra del himno de España por parte de la hinchada culé, un rito que ya no impresiona a nadie y menos aún al Rey y al séquito oficial en el que Artur Mas puso al mal tiempo buena cara, como era su obligación y a pesar de la derrota y de su decepción porque este presidente de la Generalitat que no se atrevió a acudir al Congreso de los Diputados a defender su plan soberanista sí se presentó en la final de Mestalla, donde pensaba tomarse su revancha política pero, una vez más, fracasó. E incluso recibió una lección de ‘fair play’ por parte de los jugadores catalanes, que encajaron esta dura derrota con gran deportividad y que seguramente ya piensan en el mundial donde muchos de ellos compartirán camiseta de España con sus adversarios del Madrid. El fútbol es así y en este caso está por encima de la política en modales y brillantez. Algo es algo y por algo se empieza a ver si reconducimos los disparates de Mas en pos de la legalidad y de la realidad nacional.