Mariano, no te rías que es peor

En la catedral de San Patricio de la Quinta Avenida de Nueva York retumban los lamentos navideños del papa Francisco, mientras doblan de tristeza las campanas de la ‘ciudad eterna’ en señal de duelo por el dolor de los miserables de la Tierra, que son cientos de millones. Y todo ello en contraste con el eufórico repicar de la campanilla de Wall Street que da por muy bueno el balance bursátil del malvado 2013, lo que anuncia para 2014 una derrama del cuerno de la abundancia del Imperio, de la que algo nos caerá a los españoles que estamos apostados bajo la mesa de la opulenta cena del emperador y rey negro, Baltasar.

La América de Obama, este presidente debilitado por su Congreso y fisgón de la intimidad internacional, empieza a vibrar al son de la nueva y pujante economía que impide circular por el centro comercial de Nueva York, donde deambula una marea humana en la que más de la mitad de los viandantes hablan español, el hermoso y hoy poderoso idioma de don Miguel de Cervantes del que se quieren desprender los provincianos políticos del territorio catalán. De allí, como ya lo anunció Marcello, vino a la ‘gran manzana’ el conde de Godó, Javier, para tomar un dry martini en Cipriani juntó a la insaciable garganta de la Apple Store, que no cesa de engullir clientes en memoria del sabio Steve Jobs. Y dice el conde que este año España y Cataluña ‘van a sufrir mucho’, pero añade que ‘no pasará nada’ a la vez que reconoce que La Vanguardia se pasó de frenada en favor del independentismo, pero que ahora empieza a rectificar de la mano de Marius Carol, que está al llegar.

También viene a los EEUU el presidente español, don Mariano Rajoy Brey, el de las calzas verdes, para ser recibido en Washington por Barack H. Obama y darle en las narices a Artur Mas en eso de la pelea diplomática donde acaba de entrar Margallo como un panzer, de acuerdo con la que es su verdadera vocación militar más que diplomática. Rajoy se hará una foto con Obama en el despacho oval, y el presidente negro agradecerá el apoyo de España al escudo antimisiles, que no sirve para nada porque para eso están los drones dando vueltas y disparando sin parar.

Una buena foto de Rajoy con el emperador viste de colores el hábito del monje español y le hace esbozar a nuestro presidente esa espantosa sonrisa que nunca debe mostrar sin riesgo de aparecer con aires bobalicones, que luego ni el Photoshop pueden arreglar. Y menos aún con el descaro y la facilidad con la que le han quitado en el Hola al rey Juan Carlos I más de veinte años de un tirón. Para que luego vaya diciendo Corinna desde su nuevo nido de amor londinense que el monarca español ‘es un anciano que lucha por su salud’. A ella en esa otra portada de Hola, con la fastuosa pulsera de diamantes, también le metieron Photoshop a granel de la mano de la tercera esposa de Juan Villalonga, que es convecina monegasca de la Corinna, ahora convertida en señorita de compañía de los Grimaldi.

Mariano, no te rías que es peor. Prudencia, Majestad, con tanta foto y tanta televisión porque el Photoshop lo carga el diablo, y luego el pueblo enfurecido y desesperado tiende a cargar contra el poderoso que más sale en televisión. ¡Ése es el culpable!, dirán con ira los desamparados del pueblo español cada vez que vean al monarca en televisión. Le ha pasado también a Obama en sus horas bajas, pero ahora que repica la campanilla de Wall Street con tanta alegría y facilidad al emperador negro se le agranda la sonrisa y piensa que está en condiciones de recuperar apoyos y fama en su segundo mandato presidencial. No en vano, en este país -y en todo el mundo- la economía, o las cuentas y no los cuentos, son lo esencial. Rajoy cree que él puede hacer lo mismo que Obama y lograr que en España se produzca el milagro del Maná o de los panes y los peces o del vino de las bodas de Caná. Pero América es América, y España sigue siendo un viejo galeón que antes fue carabela cuando llegó a estas tierras que creyeron Las Indias, y que luego resultaron ser el Imperio del nuevo mundo. Un galeón que todavía tiene empaque y hechuras para navegar airoso por el ancho mar, a nada que juntó al timón de la nave se sitúe un avezado y valiente capitán.

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