El Rey Mago de la Zarzuela

Me cuenta mi espía paraguayo -que comparto con Luis Ángel de la Viuda- que en el Palacio de La Zarzuela están como unas castañuelas de contentos porque creen la pareja de Ayuso y Spottorno que el discurso de Nochebuena del Monarca, aunque ha perdido bastante audiencia, les ha salido muy bien. Y motivos de alegría tienen ambos dos porque el envite, que no era fácil, pasó el listón con facilidad sobre la base de un texto austero y compungido en el arranque y luego una calculada ambigüedad sobre el meollo catalán que a todos le servía para arrimar el ascua a su sardina. Lo de la corrupción, con Iñaki Urdangarin haciendo gachas en la cocina de Palacio, Corinna enviando SMS y la Infanta Cristina pegada a su mamá, sonó a chufla, como a camelo supo el galimatías de sí a la reforma política y el no se toca la Constitución de 1978, una de arena y otra de cal.

Sin embargo, la única certeza es que el Rey no abdica, ni se va porque el no quiere (ni quiere perder su ‘inviolabilidad’) y porque los amigos de Palacio consideran que la Princesa Letizia no está preparada para reinar. O sea, el Príncipe a esperar como Carlos de Inglaterra que se está haciendo viejo sentado en el traspontín de la carroza real de la Reina Isabel, Lilibeth para sus amigos.

Pero siendo todo esto tan bonito y motivo de contento en Palacio mucho nos tememos que en Zarzuela no deberían echar las campanas al vuelo. Porque, les guste o no, este país está inmerso en un periodo de fin de Régimen y esa zona convulsa y agitada es muy peligrosa para la Monarquía porque se adorna con la indignación general ciudadana por el paro, la corrupción, y la involución democrática que nos trae Rajoy jaleado por Gallardón.

Y si no hay válvulas de escape en recipiente lo más fácil en estos casos es que, tras una constante agitación, salte hacia el techo del mundo el tapón de la botella nacional, es decir la Corona. La misma a la que hoy agasaja el PSOE hasta el empalago y que desde ese mismo partido, o de lo que quede de él, será rechazada en un intento claro de subir un escalón diferencial de progresismo como el que le reclaman las juventudes socialistas, desbordadas por los indignados y los nacionalistas en Cataluña y País Vasco.

Además Spottorno y Ayuso saben que en materia de escándalos ‘reales’ todavía no ha salido todo lo que puede o está por salir, y eso siempre comporta un riesgo añadido. De ahí la ventaja que tendría la abdicación, de la que no quiso hablar el sabio Alfonso Osorio cuando le preguntaron por la monarquía en televisión. Su silencio fue sin embargo muy elocuente, su análisis político certero y su opinión contraria al presidencialismo, bien en una Monarquía o en la República, un grave y cortesano error propio de quienes piensan que la Corona es una mágica aureola de divina procedencia, lo que no es verdad. Basta con mirar a nuestro alrededor, a Francia, Alemania, Italia, EEUU, etc, para entender que el principio de representatividad por elección es esencial en una democracia, desde Pericles a nuestros días. Y sobre todo, el presidencialismo borra del mapa la mediocridad de los gobernantes que en España emanan de los aparatos de los partidos, porque para acudir al Ruedo Ibérico a pedir la venia del respetable hay que tener mucho más de lo que, por ejemplo, hemos visto en Zapatero y Rajoy en estos años. Además hora es que los españoles elijan directamente a sus gobernantes y representantes, cosa que a día de hoy no ocurre.

Como dicen ahora los cursis, España está bajo la tormenta perfecta o ciclogénica, en la que el caso catalán juega el papel de la mecha encendida que conduce al polvorín donde guardada está la traca nacional. Algo de todo esto lo vamos a ver en este año de 2014 en el que que el gobierno de Rajoy promete lluvia de dinero y parabienes, lo que está por ver y puede aumentar la indignación de no producirse. Luego tenemos el test de elecciones europeas en junio, y de postre el desafío catalán para el 9 de noviembre, justo después de la ducha escocesa independentista. Y todo ello con el trío de la bencina del Gobierno -Gallardón, Wert y Montoro- provocando al personal.

Es decir, lo del discurso navideño del Rey, tiene un pase, pero dentro de poco se nos va a quedar en muy poca cosa a nada que, tras las fiestas, regrese la realidad. Podría decirse que el monarca hizo magia por Navidad, como magos eran los Reyes de Oriente. Pero al sonar las doce campanadas de la catedral la magia se esfumará y los corceles blancos de la carroza real se convertirán en ratones, y la hermosa España regresará a sus fogones de Cenicienta, mientras los indignados trasladan, por la calle Mayor, su cerco al Congreso hasta la Plaza de Oriente y frente al Palacio Real.