Pedro Trapote pierde en el Supremo contra Marcello

Vaya por delante esta precisión: esto no es una inocentada sino una noticia. Pedro Trapote, el empresario discotequero de Joy Eslava de Madrid -donde Froilán hace sus pinitos al anochecer-, ha perdido en ‘casación’ y ante la Sala Civil del Tribunal Supremo la demanda que en defensa de ‘su honor’ (sic) presentó contra un artículo de Marcello, publicado años atrás en Estrella Digital titulado ‘Los malayos del Real Madrid’. Un texto satírico y genial donde a Trapote se le llamaba ‘Trapone’, (un mote coloquial que le puso Raúl del Pozo en Marbella o en Casa Lucio de Madrid, como bien sabe Pepe Oneto), a la vez que se le relacionaba con aquella directiva demencial del Real Madrid de Calderón que mejor convendría olvidar, así como con algunos de los encartados en la ‘operación Malaya’ de Marbella, a los que conocía Trapote de sus noches de amor y de lujo marbellíes.

Pues bien, el Tribunal Supremo ha desestimado el recurso de casación de Pedro Trapote y por lo tanto su demanda en contra del sagaz artículo de Marcello y además ha condenado a Trapote a pagar todas las costas del procedimiento, lo que se merece y le está muy bien empleado porque Trapote ha pretendido, en nuestra opinión, torcerle la mano a la libertad de expresión y ha perdido, y a ver si aprende.

La Sentencia de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo, que preside el magistrado Francisco Marín Castán (y cuya Sala estuvo integrada por los magistrados Ferrándiz Gabriel, Salas Carceller, Sancho Gargallo, Sarazá Jimena y Sastre Papieol) no sólo es un varapalo para Trapote -el cuñado de Felipe González- sino que además constituye un precedente y jurisprudencia en la defensa preclara de la libertad de expresión, que incluye la novedad de la apreciación de la crónica satírica como valor añadido de libertad en artículo de opinión (a ver si aprende Gómez de Liaño algo de todo esto), lo que crea jurisprudencia y es de mucho apreciar y de agradecer en estos tiempos tan malos para la lírica y la libertad (adjuntamos al pie de este artículo la sentencia del Supremo).

Y bien que hubieran agradecido esta sentencia en su tiempo los muy grandes escritores del periodismo español desde Mariano José de Larra a Bonafús, y tantos otros que se han atrevido a tocar con audacia e ironía los picos del tricornio del poder, sea de la política, la economía o las finanzas, o de los discotequeros osados de esa farándula hortera que deambula por este país. No en vano la Sentencia dice entre otras cosas:

El tratamiento humorístico o sarcástico de los acontecimientos que interesan a la sociedad constituye una forma de comunicación y crítica de los mismos que está ligada al ejercicio del derecho a la libertad de expresión, como forma de comunicación de ideas u opiniones, e incluso a la libertad de información, en la medida en que el tratamiento humorístico puede constituir una forma de transmitir el conocimiento de determinados acontecimientos llamando la atención sobre los aspectos susceptibles de ser destacados mediante la ironía, el sarcasmo o la burla. En esto radica el derecho de opinión y de crítica, el cual implica la utilización de expresiones que, en ocasiones, pueden no agradar a su destinatario, sin que de ello pueda deducirse que cualquier comentario en tono jocoso o sarcástico que implique una fuerte crítica haya de ser considerado insultante, dado que en la situación descrita por la sentencia de apelación no se advierten rasgos que conduzcan a apreciar una manifiesta desproporción en la crítica a unos hechos, siendo esta la razón por la que esta Sala considera, en suma, aceptando con ello el parecer del Ministerio Fiscal, que, en las circunstancias proferidas excedan de la libertad de expresión, valor constitucional indispensable en todo sistema democrático que, como tal, debe prevalecer sobre el derecho al honor.

Trapote se lanzó a degüello contra el entonces director de Estrella Digital, José Hervás -quien por cierto acaba de ganar una demanda al inefable Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid y famoso por su ático de Estepona y marbellí- pero de pronto se ha topado con la Ley, la Justicia y el Tribunal Supremo. Y, dicho sea de paso, con Cristina Peña que es la mejor abogada española en las cuestiones de defensa de la libertad de expresión y el ángel de la guarda de muchos profesionales del periodismo español.

Por fin una buena noticia para terminar este año negro de 2013, y una buena noticia para la Justicia española que los políticos y los poderosos de postín se quieren repartir para protegerse de la ley. Aunque visto está que hay jueces que hacen Justicia y temerarios prebostes de la horterada nacional que salen trasquilados después de ir a por lana, que es lo que le ha pasado Trapote hasta quedar en un  ridículo que no debería de olvidar.

Lea la sentencia del Tribunal Supremo (PDF) pulsando aquí