Rajoy, solo ante el peligro

Rajoy no es, ni mucho menos, el Gary Cooper en ‘Solo ante el peligro’ y no tiene garantizado un final feliz en su duelo a muerte con la crisis económica y la sombra de Bárcenas y la corrupción que lo persiguen por doquier en el Parlamento, los juzgados y los medios de comunicación. Esa cancha resbaladiza y fatal donde el Presidente con más poder de la historia de la transición, mire usted por donde, ‘no tiene quien le escriba’ a su favor con un mínimo de solvencia y credibilidad. Así lo quiso él y en ello le ayudan con entusiasmo la vicepresidenta Sáenz de Santamaría y la secretaria de Estado, Martínez Castro, que son las encargadas de dinamitar los puentes con el periodismo influyente y con el independiente también.

A Rajoy ya solo le tocan las palmas los fanáticos La Razón -cuyos festejos el Presidente inunda de ministros y dirigentes del PP-; y esos locos pintorescos de los programas ‘gatunos’ de la extrema derecha tertuliana y televisiva. Los que solo hablan y escriben para los votantes ultra conservadores del PP que para colmo observan con estupor las peleas de Rajoy con su padrino Aznar. Esa ‘leyenda urbana’ de amistades rotas que niega el Presidente sin decir verdad, y sobre la que ha ‘tomado nota’ el gran Aznarín, descendiente directo del caballero andante Palmerín, a quien tanta admiración profesaba nuestro señor Don Quijote de La Mancha.

Rajoy se lo juega todo a una urgente y acelerada recuperación de la economía. A un milagro del cielo para que derrame sobre el pueblo español el maná del empleo y la recuperación económica, lo que de no llegar antes de las elecciones generales de 2015 le va a conducir a don Mariano a una tercera y sonora derrota electoral, que se atisbará en los comicios europeos de 2014 si en esa cita el PP se desmorona en España como ahora se hunde en Cataluña.

Los dos grandes diarios nacionales El País y El Mundo están: el uno con el PSOE y el otro contra el PP. Mientras, en la Moncloa se escuchan alaridos al anochecer por los palos envenenados que les propina La Sexta TV de José Manuel Lara, que le tiene puesta una vela a Dios –Antena 3 TV– y otra al Diablo –La Sexta TV– tal y como antes apoyaba al independentismo catalán con el Avui, y al españolismo imperial con La Razón.

Es verdad que El País, pendiente de la venta de Sogecable y de su imposible refinanciación – ¡de 3.300 millones de euros!- a Rajoy lo critica con la boca chica, pero tanto el periódico como La SER saben que su clientela es del PSOE, sección felipista, Rubalcaba. ABC si está con Rajoy, pero tampoco entra en el centro electoral español y vive momentos de tensión entre los Ibarra (Montescos) y los Bergareche (Capuletos), camino de una escisión de Vocento en la que ABC, con influencia menguante, podría romper amarras con los diarios regionales del viejo Grupo Correo que en el fondo y en la forma prefieren un pacto con el diario El País.

Sin embargo, a quien teme Rajoy más que un nublado es al diario El Mundo que ha jurado hundirlo y ha hecho un pacto de sangre con el millonario Bárcenas para facilitarle a toda la oposición y al juez Ruz el cerco al presidente. Mientras, Pedro J. le baila el agua a Zapatero, apuesta por Susana Díaz o por Carmen Chacón y por las noches se disfraza de Celestina para mediar entre Rosa Díez y Albert Rivera, a ver si los une en el tálamo de la conveniencia electoral en pos del centro político, ese idílico lugar en el que este PP de Rajoy no se comerá una rosca ni un colín en las próximas justas electorales que ya están al caer. Naturalmente y en lógica represalia el Gobierno y la cúpula del PP le han hecho luz de gas al diario El Mundo en todos sus festolines, lo que indigna a Pedro J. y preocupa a los italianos de RCS Rizolli, que son los que ponen la pasta pero que no tienen el control.

Mariano está solo ante el peligro, leyendo el Marca y haciendo aros de humo de Cohiba -no aguantará la abstinencia de fumar-, convencido de que el tiempo y la recuperación económica le van a dar la razón. De momento se debería conformar con que el juez Ruz no de un paso hacia delante y lo cite a declarar como debiera, ante las narices Torres Dulce y la sonrisa de Gallardón.