El invierno del patriarca

Detrás de las lluvias ha llegado la nieve y con ella el frío. Las hojas caducas inundan el suelo de Madrid por donde deambula una legión de barrenderos que ponen fin a la huelga de la basura y en los palacios y altos salones del poder se mantienen encendidas las luces hasta el amanecer entre tazas humeantes de café, copas y ceniceros llenos porque los ‘patriarcas’ del poder, acompañados de sabios y sus asesores no consiguen un diagnóstico certero de la situación. Hay seria preocupación con la economía, la unidad de España y con el Rey.

Rajoy está muy delgado y la sonrisa no le favorece -‘Leopoldo, tu no te rías’, le decía Sánchez Merlo a Calvo Sotelo, y con razón- y tiene el rostro como ajado y manchado de no se sabe qué y ahora luce un tinte de pelo color caoba como el decadente Berlusconi. Rajoy tiene el Gobierno y la cúpula del PP manga por hombro y se esfuerza en convencer a sus militantes de que ya se ve luz en el túnel de la crisis, pero los suyos que viven en la oscuridad no ven nada y solo escuchan con estupor los bramidos que emanan de la cueva de Aznar.

El Rey también ha perdido peso –Rosa Díez lo vio ‘muy guapo’-, pero no tiene mejor cara que Rajoy y se acerca el día y la hora de su regreso al quirófano, su taller, para recibir la prótesis definitiva de cadera. El patrón -como le llaman en familia- está tocado y el Príncipe está aprovechando su ausencia para conseguir un plus de televisión y de notoriedad personal y colectiva de la Familia Real. Aunque lo que don Felipe hila durante el día en telar de la realeza lo deshace por la noche -como Penélope- la infanta Cristina y su duque Urdangarin en laberinto procesal.

El monarca lleva casi dos años fuera de juego. Desde que se rompió la cadera en aquel safari de elefantes en Bostwana, su Mogambo particular en compañía de la pérfida Corinna (la dueña que fue de la mansión de La Angorilla en el monte del pardo, una lujosa ‘garçoniere, que le llevó a don Juan Carlos al quirófano una y otra vez y a la penosa escena, renqueante y con muletas, en la que le pidió perdón al pueblo español. Desde entonces la Corona ha sufrido un severo desgaste y se han abierto los debates sobre la abdicación del Rey y el estatuto de la Corona y el de los Príncipes de Asturias, mientras la causa republicana crece con sigilo y hace acto de presencia en la reciente Conferencia Política del PSOE.

El viejo galeón español está sin liderazgo, sin capitán y se apresta a entrar en el ecuador de la legislatura en plena incertidumbre de la economía, con las elecciones europeas -el gran test- a la vista y el desafío catalán dando tumbos de aquí para allá, como bandazos da la oposición en la sentina del buque donde Rubalcaba no logra organizar el motín, contra ese abúlico John Silver ‘El Largo, que parece interpretar Rajoy.

Nos adentramos en la zona blanca de la navidad, donde muchos de los comerciantes de España han puesto sus esperanzas para ver si algo está cambiando, o si no hay nada que hacer. Esta vez hasta en la lotería nacional el insaciable Montoro ha metido la mano y ve va a llevar el 20 % del gordo y de los demás premios, y puede que los Reyes Magos lleguen en enero cargando sacos de carbón. Pero hay algo en las estrellas que nos dice que en el año 2014 se va a producir una seria transformación del mapa institucional y político español. Por esto están encendidas las luces de los altos salones de los palacios y demás centros de poder hasta el final del día y primeras horas del amanecer. ‘El bipartidismo ha muerto’, sentencia muy campanudo un asesor. Y, entonces ¿qué? Pues esa es la cuestión.

En el palacio de la Zarzuela ya están preparando la propaganda para la próxima operación del Rey (el jueves 21) y otros están dedicados a la misión casi imposible de redactar el discurso de la Navidad. Y ¿qué pasaría si el Rey no sale bien parado de esta su enésima visita al ‘taller’? El Príncipe está listo para ocupar, si hiciera falta, su lugar, pero el Rey no se lo quiere ceder. El viejo patriarca está dispuesto a seguir y a dar la batalla hasta el final. Pero de un tiempo a esta parte todo ya no depende de él, hay otros factores e incidencias en juego, de ahí la preocupación y la inquietud creciente en las altas esferas del poder. El invierno del patriarca no será, esta vez, tan idílico, navideño y familiar como el de otros años. La crisis ha causado estragos en todas partes por lo que se ve.