Aznar sigue con la matraca
Hace tiempo que Rajoy y su Gobierno -la cúpula de su partido está hecha unos zorros por culpa de la ‘extraña pareja’ que son Cospedal y Bárcenas- están muy enfadados con Aznar y con Pedro J. Por ello esta semana ningún ministro y menos aún el presidente hicieron acto de presencia en la doble presentación del cambio de piel de El Mundo (la serpiente de cascabel que agitan los italianos amigos de Borja Prado) y de la segunda parte de las memorias de Aznar, donde sí estuvieron sus fieles y ‘cómplices’ en las mentiras del 11-M, los Zaplana, Acebes, Aguirre y Piqué. Este último como presentador como ‘chico para todo’ de la OHL, del marqués de Villar Mir, ‘el pelota’ más grande de España y amigote de Álvaro Lapuerta (y que se ate los machos Piqué antes de subirse al caballo cartujano que le habrán puesto a sus pies).
Rajoy no quiere saber nada con ninguno de estos dos, Pedro José y José Mari, de los que incluso sospecha una conspiración para derribarlo del poder si don Mariano continua poniéndose de perfil en Cataluña. Motivo por el que Aznar pierde los nervios con gran facilidad, frunce el ceño, estira el cogote y habla con voz ronca y amenazante como si estuvieran a punto de sonar las trompetas del fin del mundo. Aznar truena con la mirada puesta en Barcelona y dice que le tranquiliza mucho oír a Rajoy decir que no aceptará la reforma de la Constitución, en vez de decir que “llueve mucho”. Y Rajoy pensará: “a mí me importa un rábano si Aznar está o no está tranquilo”.
Y uno no sabe a qué carta quedarse en este país con un Rubalcaba al que Felipe le ha dicho que es el más listo pero sin liderazgo, un Rajoy que habla una vez al mes, o un Aznar que no consigue estar en paz consigo mismo, porque le corroen -como se ve en su libro- sus enormes mentiras del 11-M y de la guerra de Irak, sobre las que no deja de aportar excusas en vez de pedir perdón y decir que se equivocó. O ¿sigue pensando que el 11-M fue obra de ETA y que Sadam Hussein se murió sin desvelar el escondite secreto de sus armas de destrucción masiva?
El drama de Aznar es que quiso salir de la política ‘en beauté’ y salió por la puerta de la cocina. Y en los atentados del 11-M, no solo mintió jugando a la autoría de ETA, mientras todo el país preguntaba “¿quién ha sido, quien ha sido?”, sino incluso cuando sabía que tenían localizado al comando islámico. Además se negó a convocar en Moncloa a los primeros partidos nacionales, no visitó la estación de Atocha y encargó a las embajadas que señalaran a ETA como autora del atentado.
¿Por qué? Pues muy sencillo, porque se temía, y con razón, que los españoles relacionarían el atentado islámico con su apoyo a la guerra de Irak, lo que era lógico y probablemente la gran verdad -aunque de esos crímenes solo los terroristas son los culpables-, y lo que temía Arriola cuando en las vísperas electorales, que si los autores eran islamistas el PP perdería las elecciones, y así ocurrió. Y todavía, para exculparse un poco más, Aznar tiene el descaro -en este librito- de echarle la culpa de la derrota a Rajoy al escribir que su heredero y candidato estaba haciendo una mala campaña electoral (sic).
La amargura de Aznar no se debe a los insultos que recibió esos días sino a los errores que cometió. Y ello por más que retuerza su memoria y se niegue a reconocer la verdad, le perseguirá. Ahora además se enfada con Rajoy porque sube los impuestos o no les hace frente a los nacionalistas catalanes, y ya estamos otra vez en lo mismo ¿quién nombró a Rajoy su sucesor y líder del PP? Pues el dedazo autoritario de Aznar. Luego he ahí otro error, otro más, de José María Aznar, que él se niega a reconocer. Pero ¿después de tantos años colaborando en el PP y el Gobierno con Rajoy no se enteró Aznar de quién era Mariano? Pues parece que no, y lo que es peor: todavía Rajoy lo va a sorprender mucho más. ¿Con qué? Eso es todo un secreto que tarde o temprano se conocerá.








