Piel de serpiente

Ha dicho Pedro J. que el diario El Mundo va a cambiar de piel, lo que carece de importancia porque de lo que debe cambiar es de ‘alma’. O, dicho de otra manera, de director. De piel, piel, solo cambian las serpientes pero no los periódicos o las personas por más que lo intentara sin éxito Pedro Almodóvar en ‘La piel que habito’.

Aunque está muy bien que El Mundo se esté buscando nuevos horizontes para esquivar el huracán tecnológico y digital al que tanto rendimiento le están sacando los espías americanos. Pero el problema del diario El Mundo no es tecnológico, ni digital sino de credibilidad y de calidad, es decir de influencia. Además adolece de independencia y sufre un alineamiento enfermizo con el flanco conservador más duro del país, por más que Pedro J. se disfrace de liberal. ‘Yo siempre he pedido el voto para el PP’, escribió no hace mucho cantando la gallina en su sábana dominical.

En realidad El Mundo es un periódico de autor al servicio de ‘su graciosa Majestad, el director quien, como el ‘Agente 007’ parece tener ‘licencia para matar’, pero de manera selectiva. Y su mal no es solo tecnológico por causa de la muerte paulatina del papel, tal y como él parece explicarle a sus propietarios italianos de RCS en su fuga hacia delante con una edición digital/papel de la tarde que caerá muerta en Internet una hora después, como le ocurre a la de la mañana.

El drama de los italianos de RCS dueños de Unedisa, la editora de El Mundo, consiste en que Pedro J. les ha impuesto el dilema de su eterna omnipresencia al cantarles: ‘ni conmigo, ni sin mi tienen tus males remedio’. O sea, los amos de Il Corriere de la Sera -ese si que es un periódico de calidad, influencia y liberal- tienen en España un problema parecido a una serpiente de cascabel que va haciendo mucho ruido y que, a estas alturas, pretende cambiar de piel.

El que no cambia de color como el camaleón y otro que tal baila con sus memorias por entregas a cuestas -y agárrense a la silla porque se aproximan las de Zapatero- es José María Aznar. El que nos quiere convencer mintiendo de que el mintió en los atentados del 11-M, insinuando a los españoles que había sido ETA para que no relacionaran el atentado con su guerra de Irak, porque se lo escribió su jefe del CNI, Jorge Dezcallar, en un informe en el que se afirmaba que todo era posible, es decir que no sabía nada.

Pues bien, ¿qué le cuesta a Aznar reconocer que se equivocó en la gestión de la crisis del 11-M y en la guerra de Irak? Pues le cuesta y sigue en sus trece. Es como su compadre Pedro J. a propósito de su fracasada conspiración del 11-M, que tanto daño le hizo a El Mundo. Los dos son tal para cual, almas gemelas condenadas a soportarse y ayudarse. Ambos dos, por ejemplo, estuvieron en el secreto de los planes de bombardeo de la OTAN -de Solana- en contra de la radio televisión de Belgrado donde murieron muchos periodistas, como lo confesó Pedro J. años después.

Cuidado pues con las serpientes que regalan manzanas mordidas como las de Apple, o las envenenadas y envueltas en papel de seda como la de Blancanieves, o pecadoras como la que otra malvada serpiente le ofreció a Eva en el Paraíso terrenal. Y mucho cuidado con ‘las serpientes con traje de santurrón’ -que decía Carlos Cano en La Murga de los Currelantes- porque esas que nos prometen, desde el infierno, el cielo y la salvación son de lo peor.