Franco

Por si fuéramos pocos parió la abuela. No teníamos suficiente con los seis millones de parados, cuando el Gobierno decidió abrir dos nuevos frentes ideológicos en Educación y Sanidad. Todo ello al mismo tiempo que desde Cataluña el nacionalismo anunciaba la independencia y el derecho de autodeterminación. Y en estas ya estábamos cuando llegó, por la enfermedad del Rey y el caso de Urdangarin, el debate sobre la abdicación del monarca. Y para que no faltara de nada el PSOE, siguiendo el patético legado de Zapatero, ha decido hurgar en la herida de nuestra Guerra Civil y proponer que en este preciso momento se exhumen las tumbas de Franco y José Antonio Primo de Rivera de la Basílica del Valle de los Caídos para sacar de allí sus cadáveres y trasladarlos a otra ubicación.

Visto el panorama nacional, autodestructivo y cainita, empezamos a entender el porqué los espías de Obama parecen fascinados con España. Y no por nuestros secretos de Estado, o tecnológicos o económicos, sino porque esta versión nacional de los esperpentos de Valle Inclán es ‘digna’ de admiración por los estudiosos de la manipulación política porque de ella podrían obtener un ‘virus español’, mucho más mortífero y dañino que las llamadas armas de destrucción masiva: ‘el auto terminator’.

Este país no tiene arreglo y menos aún en las manos de esta clase política que, amén de sacos de corrupción a sus espaldas, parece incapaz de abordar los verdaderos problemas de España, de pactar y hallar puntos de encuentro y de tomar algunas decisiones útiles para sacarnos de este doloroso y auténtico Valle de Lágrimas en el que viven millones de familias españolas -algunas de ellas en la miseria-, de ciudadanos de a pie, de parados, de trabajadores angustiados y de grandes y de pequeñas empresas en dificultad.

No hay manera de marcar un prioridad, que sin duda reside en el paro y la crisis económica, pero no gestionadas por el Gobierno como si esto fuera una factoría de electrodomésticos de un solo propietario (Rajoy) sino, y a pesar de la mayoría absoluta del PP, teniendo en cuenta las sensibilidades de todos y a los ciudadanos y la realidad del país. Pero nada, aquí se gobierna por decreto y ni se hace política, ni se da la cara. Y ahora como en el inicio de la transición han regresado los conciliábulos secretos entre los jefes partitocráticos, Rubalcaba, Rajoy, Mas/Durán y Urkullu, para ver cómo y cuándo se tapa la corrupción, o se encauza la crisis de la Corona o por cuanto se compra el desafío catalán, o si se deja pasar el tiempo a ver si los resplandores del túnel de la crisis que el ministro Montoro ve desde la oscuridad se convierten en sol cálido y prometedor que hará crecer, gracias a las lluvias de los últimos días y las nieves que asoman por la sierra de Belagua, en fructuosas cosechas caídas del cielo como el maná cayó sobre el llamado ‘pueblo elegido de Dios’, que todavía anda en guerra.

Ahora el PSOE quiere remover el cadáver de Franco, para que sus votantes y militantes se olviden de la bronca con el PSC y le den a Rubalcaba otra oportunidad. Es como lo del PP con ETA y el lío de la sentencia de Estrasburgo sobre la doctrina Parot, llamando a sus huestes radicales en socorro de Rajoy, mientras en CiU Durán intenta con magia casera sacar a Mas y a CiU de la trampa mortal en la que se han metido los nacionalistas con la independencia y el referéndum de autodeterminación. ¿Y el Rey y jefe del Estado? Pues lleva casi dos años desaparecido, entrando y saliendo del ‘taller’ y con el Príncipe de Asturias pronunciando un discurso por día, que imaginamos que se los escribirá con mucho esmero doña Letizia, que fue periodista antes que Princesa.

Ahora resulta que la prioridad nacional está en desenterrar y sacar de su tumba el cadáver de Franco. Quizás sería mejor desenterrar al Cid Campeador, o a don Benito Pérez Galdós para que describa estos nuevos y tan pintorescos episodios nacionales que, sin duda, darán mucho de qué hablar y escribir a los historiadores porque todo apunta a que estamos entrando en una encrucijada de España en la que no habrá más salida que ‘la enmienda a la totalidad’.

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