La sonrisa criminal

La sonrisa de la etarra Inés del Río a su salida de la cárcel tras la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo y sin el menor arrepentimiento es la sonrisa criminal de quien ha pasado los últimos 26 años de su vida en prisión, apenas un año y un mes por cada uno de sus 24 crímenes, y todavía piensa que merece aplausos y homenajes de su entorno minoritario por más que la repugnancia sea el veredicto del conjunto de la sociedad.

En los últimos días hemos visto repetidas imágenes de la etarra durante el juicio que la condenó en la Audiencia Nacional, en las que ella ofrecía sus manos a la policía para que le pusieran las esposas al terminar cada sesión. Todo ello con gesto de chulería y desparpajo, muy propio de quien, como asesina en serie que era, no tenía el menor escrúpulo en apretar el gatillo o el detonador.

Ahora está en libertad y veremos qué hace, porque si vuelve a las andadas o hace apología de su macabro historial podrá regresar a la cárcel con suma facilidad, y entonces ni Estrasburgo ni nadie podrá rechistar y menos aún en nombre de los Derechos Humanos que ya sabemos que hasta los peores criminales se merecen. O sea que mucho cuidado y mucha vigilancia a esta vieja banda de ETA que ahora empieza a salir de prisión, porque la justicia española no habrá dicho su última palabra a la menor insinuación de vuelta a las andadas o a la provocación.

España va a cumplir la sentencia de Estrasburgo con dolor, pero fiel a su compromiso democrático con la legalidad que nos hemos dotado en nuestro país y en el ámbito internacional. Pero ello da a nuestro Gobierno e instituciones máxima legitimidad para exigir el más estricto cumplimiento de la legalidad a todo el mundo y empezando por ETA, su entorno y presos liberados. Así como a quienes desde posiciones secesionistas amenazan con desbordar el marco jurídico nacional.

Y esto no es un consuelo para las víctimas del terror cuya sonora indignación compartimos todos, sino una advertencia a quienes a lo mejor han creído que en Estrasburgo alguien ha levantado el velo de la impunidad, y que a partir de ahora vale todo porque la condena de la ‘doctrina Parot’ es extensible a todo lo demás. Si alguien había imaginado algo así se va a equivocar porque este país no está para ambigüedades o soportar raros equilibrios sobre el filo de la legalidad. Y menos aún en ambientes y entornos en los que la violación de los Derechos Humanos -a lo que ahora se acogen- ha sido durante muchos años la norma criminal.

Y como en este caso de la etarra Del Río y otros similares no hubo el menor arrepentimiento ni petición de perdón a todas sus víctimas no sería de extrañar que la pistolera y sus amigos, de una forma y otra, volvieran a las andadas y en ese caso la Justicia, de una manera implacable, la volvería a encerrar.

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