El Príncipe en el Palacio de Oriente

La recepción oficial que, con motivo de la Fiesta Nacional del 12 de Octubre, se celebró en el Palacio de Oriente de Madrid tuvo un aire de ensayo general –ante una eventual abdicación del monarca o la regencia del heredero- o de un ‘salto al futuro’ por cuanto los Príncipes de Asturias, don Felipe y doña Leticia, fueron quienes en esta ocasión, y por la enfermedad del Rey Juan Carlos, presidieron el evento donde don Felipe pronunció una breve alocución ensalzando la unidad del país y brindando por España y por el Rey. El que debería de estar más orgulloso que celoso de la impecable sustitución de su Jefatura que ayer encarnó el heredero de la Corona de España.

Fría mañana madrileña en la Plaza de Cánovas del Castillo, que los castizos de la capital y los colchoneros del Atlético de Madrid la llaman de Neptuno. Lucía el sol para el desfile militar de la fiesta Nacional del 12 de Octubre, pero desde la sierra madrileña llegaba por la Castellana y Paseo de Recoletos un gélido viento del norte que dejó ateridos a cuantos ocupaban, sin abrigo, las tribunas de la Parada Militar. La que en este año quedó reducida a un pequeño desfile –si seguimos así el año próximo solo desfilarán la legión y el carnero-, con la excusa mal empleada de la austeridad que dejó a la intemperie, ante los espías de los enemigos de la Patria, la capacidad de fuego y de disuasión de las tropas españolas. El ministro de Defensa, Morenés, se equivocó recortando los gastos de la parada militar en aras de un ejemplo que deben dar otros –los políticos para empezar-, y no el Ejército de la nación.

Sin embargo, y a pesar de la pobreza del desfile, hubo novedad. Los Príncipes de Asturias don Felipe y doña Letizia presidieron el acto en la ausencia del Rey, por su convalecencia de cadera, y también de la Reina Sofía –el ancla de acero de la fragata Real- que quiso dejar todo el protagonismo a su hijo Felipe, quien cumplió de manera impecable su función, en compañía de la Princesa, siendo muy aplaudidos ambos en el ‘ensayo general’ de un eventual relevo o sucesión en la Jefatura del Estado, cuando llegue el momento o se presente la ocasión. Tampoco acudió la infanta Elena a la tribuna del desfile (la última vez la mal colocaron con los partidos políticos), para disimular así la ausencia de su hermana Cristina que en coplas de Noos anda por los tribunales de la Comunidad Balear.

De la Plaza de Cánovas a la Plaza de Oriente –que reinventó el mago Miguel Oriol- y de allí a la recepción anual de Palacio en la que, como sardinas en latas –hay que ampliar esos salones- se dio acogida a las ‘fuerzas vivas’ del país, presididas por el Gobierno y demás invitados de la tribuna del desfile que llegaron tiritando a los salones del Palacio, convertido en caldera humana de calefacción. Allí se estrenó el Príncipe con un brindis por España y por el Rey y, en compañía de una Letizia, mas relajada y encantadora que en otras ocasiones, don Felipe departió con sus invitados y con la ayuda de una incansable Reina Sofía, y de la más elegante Infanta Elena que debería dar unos cursillos de estilismo a las primeras damas que habitan o circulan por el palacio de la Moncloa.

Rajoy está delgado como una palmera y salió a defender al ministro Montoro, mientras la vicepresidenta Soraya reconocía que su amiga Báñez le había metido el gol de los 500.000 parados fraudulentos. Con cara de pocos amigos pasó Aznar por Palacio –para reafirmar su patriotismo- y en olor de multitudes y de elogios variados deambulaba Esperanza Aguirre, cada vez mas apreciada por su franqueza política, frente a la desidia de Rajoy. Ignacio Camuñas nos ‘confesó’ que vuelve a la política en el nombre de la ‘sociedad civil’ y el ministro Gallardón con aspecto fantasmal nos pareció en decadencia. No es ni sombra de lo que era, o de lo que se esperaba de él, como bien lo sabe el marqués de Villar Mir, obsequioso con los Príncipes a los que conoce muy bien y que nos prometió una conversación que nos debe desde hace tiempo (veremos si cumple). Y por allá andaba también el eterno Rubalcaba disfrutando de la que pudo ser su última visita a Palacio como jefe de la Oposición porque mucho se habló en esa cita de Susana Díaz como su alternativa al frente del PSOE. Y junto a don Alfredo y con su sonrisa de espía del KGB el hoy ex presidente catalán Jose Montilla, gran ausente de la exitosa concentración española de Barcelona que el ministro de Interior, Fernández, calificó de éxito diciendo que mas de 40.000 españolistas se habían concentrado en el centro de la ciudad condal.

Fue un día frío de mañana y cálido al sol de mediodía de una España que aún tirita en pleno festival del paro, la corrupción y la recesión. Un país que ve sufrir a sus hijos y cuyos gobernantes, al menos oficialmente, dicen que ya va de mal en mejor. Ya se verá, aunque de momento ya hemos visto el estreno oficial del Príncipe azul en el Palacio Real.