Mariano, vamos a Casa Manolo
Este Rajoy es una caja de sorpresas que ha dejado confundidos a los japoneses tras su paso por Tokio y Fukushima. En el palacio imperial se olvidó de inclinarse ante el emperador Akihito -a lo mejor pensó que Akihito quiere decir ‘aquí estoy’ y lo vio tan bajito que se hizo un lío con el protocolo, y el español se quedó tieso y asombrado por la prestancia del hijo del sol naciente. Luego, para arreglar el entuerto, Rajoy se deshizo en elogios de la seguridad de Fukushima, y al poco después de su discurso se supo que en la central nuclear se había producido una nueva fuga de radioactividad camino del mar.
¿Será gafe Rajoy? Se preguntaron inmediatamente los japoneses, que recuerdan que fue llegar don Mariano a Buenos Aires con un discurso ‘enérgico’ y perder España la olimpiada de Madrid 2020. Bueno, Esperanza Aguirre nunca olvidará lo que le pasó el día en el que Rajoy se subió con ella en un helicóptero y casi se matan los dos. En fin, no hace mucho aceptó ir al Congreso para hablar algo sobre Bárcenas y el cielo de la Cámara se inundó de goteras, y hay otros muchos casos más de incidencia extraña, amén de los ruidos de cadenas que se oyen por la noche en La Moncloa y que se presumen que son arrastradas por fantasmas o puede que por las niñas góticas de Zapatero, que aún tienen acceso a ese espantoso palacio por un pasadizo secreto que se construyó en los tiempos de Felipe González, para que Sarasola, bien acompañado, pudiera entrar en La Moncloa sin ser visto.
El caso es que don Mariano se ha marchado de Japón para alegría del emperador Akihito, y regresa a Madrid después de decir ante el asombro de la comitiva de los periodistas que no sabe en qué consiste la ‘tercera vía’ de Duran i Lleida y Pere Navarro sobre la independencia de Cataluña. O sea, el pase del desprecio que se le da muy bien a nuestro presidente del Gobierno quien, ha gafado a Artur Mas, el presidente catalán que anda enloquecido de un lado para el otro sin saber qué hacer con la consulta, el referéndum, el euro, la salida de Europa, la doble nacionalidad, la independencia o la autodeterminación. Rajoy está volviendo loco a Mas, al que pretende llevar a la esquizofrenia o la desesperación. ¿La tercera vía? Se pregunta Rajoy, y ¿cuáles son la primera y la segunda? Nadie lo sabe, ni en Barcelona ni en Madrid. Todo es un misterio del que no hay manera de escapar o de salir.
Por eso le hemos invitado a Rajoy a tomarse un café en el bar o Casa Manolo, al lado del Congreso de los Diputados, para que se relaje un poco como aquella vez en que coincidimos en la barra de ese simpático lugar para hablar de la guayabera que Mariano se acababa de comprar. Vamos Mariano a Casa Manolo que invita Marcello, y vamos olvidarnos de la política nacional insufrible, de Fabra, Bárcenas, Sánchez Camacho -menuda pajarita con eso de sus contratos secretos con Método 3-, Cospedal, etcétera. Y si lo que quieres es cabrear a Rubalcaba invita a comer a La Moncloa a Susana Díaz, que acaba de darle un repaso a Zapatero y a su líder Alfredo de mucho cuidado sobre España y Cataluña -parecía del PP– y los brotes verdes que veía en sueños Elena Salgado.
Vamos Mariano a Casa Manolo y nos tomamos unos riñoncitos al Jerez y comentamos lo del Papa ‘rojo’ Francisco que tiene de los nervios a la Conferencia Episcopal española, hasta el punto de que su portavoz, el integrista monseñor Camino, ya no descarta que le sustituya una mujer. Ánimo Mariano, que en este país ya funciona el discurso de las ‘dos décimas’ de la recuperación. Dos décimas menos en el déficit de 2012, dos décimas mas en el PIB de 2014, y dos décimas menos en la deuda del Estado para no llegar al 100 por 100. Para algunos ‘dos décimas’ es una nimiedad, pero para otros puede ser la diferencia entre el estancamiento económico y el inicio de la recuperación económica de España y la electoral del PP de cara a la próxima cita europea de 2014. Mariano, vamos al bar Manolo, llévate unos puros -para fumar en el barril de la puerta- y ya verás lo bien que lo vamos a pasar.








