Rajoy no se inclina ante el emperador
Nuestro presidente del Gobierno Mariano Rajoy está tan crecido con su discurso de la recuperación económica de España que ha sufrido un lapsus de protocolo y se ha olvidado de inclinarse ante el emperador Akihito de Japón, rompiendo así la cortesía imperial del país del sol naciente ante el asombro de cuantos asistieron al encuentro del jefe del gobierno español con el emperador japonés.
No es que Rajoy haya hecho alarde de su redicha independencia ante toda clase de poderes porque sabido es que esa reverencia la hace Rajoy asiduamente con el Rey Juan Carlos, ni cabe imaginar que semejante ‘afrenta’ protocolaria haya premeditada sino más bien un error, fruto de la intensa actividad del presidente que une las labores de su gira asiática con el cúmulo de noticias, de todos los colores, que le llegan de España, como el repunte del paro.
Además tampoco hacía falta una reverencia excesiva como las que por ejemplo realizaron ante el emperador nipón Zapatero o el presidente Obama, gestos todos ellos de cortesía y no de vasallaje o sumisión, siguiendo una tradición milenaria de Japón. Gestos que se repiten en España y se mantienen de manera muy rigurosa en la monarquía inglesa.
Sin embargo este lapsus le ha jugado una mala pasada a Rajoy, en un momento en el que otras imágenes del día ya ocupaban los primeros planos de la actualidad mundial. Como las lágrimas de Berlusconi en el Senado italiano al constatar su derrota política y la ruptura de su partido, o la propia imagen del Papa Francisco en la plaza de San Pedro de Roma, confesándose pecador y diciendo que la Iglesia no es solo para los justos. O incluso la imagen del presidente Barack Obama reunido con los líderes demócratas y republicanos del Congreso para abordar la crisis del bloqueo administrativo del país.
Pero todo esto nos lleva una vez más a regresar al protocolo dado que éste no ha sido el único fallo de Rajoy. Hubo otros anteriores como cuando llegó al anochecer a Corea del Sur sin corbata y con una gabardina, o cuando se presentó en México vestido de oscuro en un debate público en el que todos los oradores iban ataviados con guayaberas. Como tampoco parece correcto que Rajoy ocupe el sofá de su despacho para recibir a sus invitados. Y si vamos un poco más allá habría que decirle al presidente que cuide mejor su barba y que cambie su modelo habitual de espantosas corbatas a rayas (debería contratar al estilista de Obama), o su vestimenta para hacer deporte.
Es verdad que éstas son cosas menores de relativa importancia, pero todo ayuda y forma parte de la imagen de un país en este tiempo en el que la ‘marca España se ha convertido en parte del problema de nuestro país. En fin, un lapsus de Rajoy que el presidente ha compensado con creces, ante las autoridades de Japón, con su visita a Fukushima, el lugar donde se detectó la gran fuga nuclear tras el tsunami que arrasó esa zona de Japón.








