La ‘circunstancia’ del Príncipe

Ni abdicación, ni regencia. Parece que se suspende el ascenso del Príncipe de Asturias hacia el Trono de manera temporal o definitiva, lo que empezaba a ser un clamor o necesidad por tres motivos nada desdeñables: la enfermedad del Rey (lleva año y medio afectado), la llegada de la corrupción a la Corona y la Corinna, y la necesidad de la segunda transición y la reforma del sistema político, el paso de la partitocracia hacia la democracia.

Pero lo que parecía un relevo razonable, para salvar de paso a la Monarquía y abordar una reforma política e institucional, parece que ha encontrado serias resistencias por parte del monarca y de su guardia pretoriana, así como por los que en España son al día de hoy los principales protagonistas y beneficiarios del Régimen, un club muy selectivo de pactos y repartos en el que se integran, además del Gobierno y los dos grandes partidos PP y PSOE, la cúpula del Ibex, grupos de Comunicación, La Corona, el Vaticano y la Embajada USA.

El Régimen español es una especie de ‘tercera Cámara’ secreta que se repartía el poder (y el dinero) y velaba por las esencias patrias españolas. Pero de un tiempo a esta parte ha sufrido los embates de la crisis, el agotamiento de la transición y la euforia de la corrupción. Y ahora no es ni sombra de lo que fue: el Rey está muy tocado; los Grupos de comunicación están en quiebra y desbordados por Internet; en el Vaticano acaba de llegar el ‘Papa Rojo’ Francisco, los grandes del Ibex están muy endeudados, y el bipartidismo del PSOE y PP corre riesgo de desaparecer y USA, con los chinos en danza y el emperador negro dando vaivenes, tampoco es lo que era.

Claro, la reforma democrática obligaría al cierre de la Cámara secreta del poder y a un tiempo nuevo y mas ‘limpio’ que en ese caso el joven Príncipe podría liderar y protagonizar, empujado por la Reina -que espera desde hace mucho tiempo esa oportunidad- y por ciertos ‘cachorros’ del que será ‘nuevo Régimen’, a los que algunos llaman ‘los conspiradores o cortesanos de El Príncipe’.

Pero resulta que, empezando por el Rey, los dueños del Régimen se resisten a abandonar ese alto espacio de poder. E incluso están empeñados en recomponer los restos de este naufragio, que tiene difícil arreglo porque la crisis económica, institucional, social y de la corrupción es mas profunda y será mucho mas larga de lo que algunos imaginan y su impacto en la sociedad será mayor a medida que se aplace el relevo y la solución. Por lo que tarde o temprano el viejo Régimen de la Transición caerá. Pero esa breva aún no está madura y sus propietarios defenderán sus privilegios con uñas y dientes, como gatos panza arriba.

Y no se van a parar en barras y parecen dispuestos a todo, incluso a acabar con el matrimonio de los Príncipes de Asturias, del que ya dijo en agosto el diario monárquico ABC -con muy calculada y aviesa intención- que ‘estaba en crisis’, mientras en los círculos próximos al palacio de La Zarzuela se insistía, una y otra vez, en decir que la ‘princesa Letizia’ no está preparada para reinar y se la considera un ‘peligro’ para la propia institución monárquica.

Eso, al parecer, lo piensa el monarca y su guardia pretoriana y, a decir verdad, da la impresión que la Princesa da motivos variados para consolidar esta opinión. Ahí incluido el libro reciente de su primo sobre su aborto, que la colocan como ‘mentirosa’ a la alta Familia por haber ocultado tan ‘importante’ cuestión antes de la boda, e incluso haber implicado al Príncipe en el intento de borrar las huellas. A ello se han añadido, en los últimos meses, el ‘mutis’ en Palma de doña Letizia, sus escapadas con sus amigas, ciertos cambios de humor y exhibiciones de mal genio o de altibajos de ánimo, concluyendo unos y otros que a doña Letizia le pueden su carácter y falta de preparación para abordar la difícil misión que tiene por delante, aunque hasta ahora y en público no ha cometido ningún grave error.

Incluso en altos salones del país se habló de un posible divorcio del Príncipe, y se ha llegado a decir que si don Felipe se vuelve a casar y tiene un hijo varón ese seria el heredero (mientras no se toque la Constitución), y puede incluso que, sobre todo esto se hayan encargado encuestas para ver como le encajaría la ruptura matrimonial de los Príncipes de Asturias al conjunto del pueblo español.

De manera que la princesa Letizia se ha convertido en obstáculo, el problema o ‘la circunstancia’ -como lo escribía Pedro J. en El Mundo este pasado domingo-, e incluso el argumento para frenar la abdicación del Rey o la regencia de Felipe. Una carambola a tres bandas con la que el Rey continuaría, el Régimen permanece unos años más y la reforma democrática se aplaza ‘sine die’. Al tiempo, se le dan unos años más a doña Letizia a ver si se aviene o se adapta a su especial situación, o si se rompe el encanto de la Cenicienta y de pronto se esfuma el ‘príncipe azul’ y ella, por fin liberada de tan rígidas ataduras, regresa junto a los suyos y a su fogón.