La hora de la Reina Sofía

En medio de intensos rumores sobre la salud del Rey, cuya gravedad se acaba de confirmar con el anuncio de una nueva intervención (o puede que una doble intervención) quirúrgica de la cadera izquierda, han llamado la atención dos recientes besos de la reina de España, doña Sofía, destacados en sendas portadas de los diarios ABC La Razón. Un beso a la bandera de España y de combate del nuevo portaaviones Juan Carlos I, el buque insignia de la flota española; y el beso en la mejilla del rey don Juan Carlos en el acto de acogida de la familia real a los reyes de Holanda, Guillermo Alejandro y Máxima. Y sabemos que, como cantaba Manolo Escobar, “la española cuando besa / es que besa de verdad”. Y si son besos de la Reina de España con más motivo, sobre todo ahora que personas de su entorno empiezan a pensar que se acerca, para la soberana, la hora de la Reina (y del Príncipe Felipe), la hora -iba a decir de su ‘revancha’- de su verdad, y de su renacer en en seno de la Casa Real.

La Reina Dª Sofía

LaReina está muy preocupada porque llevamos ‘sin Rey’ por causa de las últimas cinco operaciones del monarca en un año y medio y vamos camino de seis meses mas de post operatorio, y ello da mucho que pensar sobre la eventual abdicación del Rey, lo que a buen seguro no quiere el monarca, y puede que sí la Reina imagen de la Reina en favor se su amado hijo el Príncipe Felipe. Pero mientras tanto la soberana va de luto riguroso y con mantilla y peineta españolas -las que tanta risa le daban a la Ferrusola de Pujol-, inclinándose para besar la bandera del nuevo buque de nuestra Armada, que ella amadrinó, es un poema. Una estampa que refleja un austero y tradicional protocolo español en este tiempo de tantas tribulaciones que la Marina española conlleva con gran esfuerzo y generosidad en medio de la penuria que afecta de lleno a la defensa nacional y tiene varada, o averiada, a buena parte de nuestra flota.

La más moderna bautizada con nombres de la familia real -Portaaviones Juan Carlos I, Portaaviones Príncipe de Asturias (ahora en retirada), Fragata reina Sofía, Fragata Almirante Juan de Borbón, Patrullero infanta Elena, Patrullero infanta Cristina)- y donde el tiempo dirá si se ha de bautizar a una Fragata -puede que mejor un submarino- con el nombre de la reina Letizia. La que, dicho sea de paso, debería de cuidar y mucho su estilismo y protocolo en los actos oficiales de la Armada, por ejemplo en la Escuela Naval de Marín.

La Reina está de luto por España y los problemas de la familia real y de un tiempo a esta parte ha multiplicado sus públicas apariciones -estuvo en la final del Open USA que ganó en Nueva York Rafael Nadal- y ha llevado con gran resignación y alta dignidad -lo que se dice entre familias reales ‘la profesionalidad’- las obscenas exhibiciones en ¡Hola! y otros medios de comunicación españoles y extranjeros de esa cortesana de ocasión, la falsa, y ‘trincona’ de comisiones varias princesa Corinna. La que ahora se acaba de despachar en Vanity Fair con unas declaraciones en las que calificaba al rey Juan Carlos de ‘anciano -enfermo- que lucha por su salud’ -meses atrás había declarado en The New York Times, que ‘el Rey es un tesoro’- tras haber ‘vivaqueado’ con el monarca en la tristemente famosa cacería de elefantes de Botswana por la que el Rey pidió perdón, o de haber habitado, sin tener por qué, la mansión de La Angorilla, del Patrimonio Nacional, en las inmediaciones del monte de El Pardo lugar donde se ubica el palacio de La Zarzuela.

La Reina, que vela y protege a su hija la infanta Cristina de las andanzas ilícitas de Urdangarin, está seria y preocupada por España y La Corona, y no le falta razón porque el viejo galeón español navega con rumbo incierto por aguas procelosas donde tiene ancladas su futuro y esperanza el príncipe de Asturias, Felipe de Borbón. El que no hace mucho y en Buenos Aires, a donde don Felipe acudió a defender la fracasada candidatura olímpica de Madrid 2020, recibió un beso de consuelo de la princesa Letizia que acalló los rumores de crisis matrimonial de los Príncipes de Asturias que habían surgido este verano, y de los que se hizo eco el diario monárquico ABC.

Beso en público de Letizia al Príncipe y beso en público de doña Sofía al Rey, que no está tan anciano como dice Corinna. Y si no que le pregunten al presidente de la Diputación de Barcelona, Salvador Esteve, quien recibió un severo rapapolvo del monarca en septiembre de 2012 por causa de la Diada -’yo estaba acojonado’ reconoce Esteve-, similar a otra bronca del Rey al ministro de Educación, Ignacio Wert, en reproche a su declaración de que había que ‘españolizar’ a Cataluña. Porque el Rey cuando se enfada -’¿Por qué no te callas?’ le espetó a Hugo Chávez– es de temer, como bien lo saben Pepe Oneto y Jaime Peñafiel (por ejemplo, en un viaje oficial de los Reyes a Yakarta). O que le pregunten al conde de Godó, el gran felón que ha puesto La Vanguardia -antes ‘Española’- al servicio de la secesión.

Besos de la reina Sofía, enfados del Rey, calvario de la infanta Cristina y reconciliación de Letizia con su Príncipe azul, tras unos desencuentros y alteraciones emocionales de la princesa, motivados por la aparición de ese libro de su primo que desveló su aborto provocado, que ella pretendía mantener en secreto en defensa de su legítima intimidad, aunque no con artes ‘malabares’ y poco elegantes como al parecer se intentó.

Los besos de paz regresan a la familia real donde todos parecen haber comprendido que los problemas de La Corona son de su exclusiva autoría y responsabilidad. Y lo hacen en un momento de incertidumbre, donde los rumores de abdicación o de abandono temporal en una Regencia de las funciones de la Jefatura del Estado no cesan de circular. Pero el Rey dice que no, que ni abdica ni cede temporalmente el poder por  causa de su enfermedad que no considera tan grave como para una inhabilitación y una regencia temporal. Sin embargo la Reina si parece que quiere ver a su hijo Felipe en el trono de España, sabedora de que ese sería su momento estelar, después de años de sufrimiento en un segundo plano y de una larga espera que ya veremos si ahora llegará. De momento el Rey resiste, el Principe calla, Letizia aguanta la respiración, y la Reina de luto o de rosa reparte bases de patriota y de consuelo, pero pensando quizás que se acerca el momento de su reivindicación.