La Soraya del PP vence a la Soraya del PSOE
La portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, Soraya Rodríguez, lo tiene muy mal y ayer salió derrotada en su empeño de interpelar al presidente Rajoy -sustituido en la Cámara por su vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, a propósito del caso de Bárcenas y por la enésima vez. Y no por culpa de Soraya Rodríguez o porque le faltaran razones sobre las mentiras de Rajoy sobre el contrato de Bárcenas o sobre otras políticas del Gobierno en materia de Sanidad, Educación, pensiones, reforma laboral o los impuestos, cuestiones donde el Ejecutivo del PP ha incumplido su programa electoral.
Como no le falta a Soraya Rodríguez tenacidad y firmeza en todas sus acusaciones y denuncias. Pero a la portavoz del PSOE le falla algo esencial: la credibilidad de su jefe Rubalcaba y de su partido el PSOE en general, por la proximidad de los graves errores de Zapatero (en la economía y Cataluña) y la corresponsabilidad del que fuera su ex vicepresidente primero, Alfredo Pérez Rubalcaba. Y porque el caso de los ERE de Andalucía, y la presencia de José Antonio Griñán en el Senado y la presidencia nacional del PSOE echan por tierra todo el discurso socialista sobre la corrupción. Y su discurso sobre la responsabilidad política como ahora quedó patente con el caso Faisán.
Así lo dejó claro con una implacable descripción la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría en su respuesta a dicha interpelación, que llegó a la Cámara camuflada con otro título lo que, de por sí, era una argucia parlamentaria pero también era una falacia tal y como lo denunció la vicepresidenta del Ejecutivo de Rajoy.
Mientras Rubalcaba siga al frente del PSOE y Griñán permanezca en el Senado y de presidente del Partido Socialista, el PSOE tiene muy mal su labor de oposición. Y no digamos en relación a otra de las grandes cuestiones del momento político español como es el desafío catalán donde el PSC, el compañero catalán del PSOE, mantiene su discurso favorable a la autodeterminación ilegal, lo que le quita al PSOE credibilidad a la hora de presentarse como un partido nacional ante el conjunto de la sociedad, por más que proponga una reforma federal de la Constitución que ellos saben que es imposible sin el apoyo del PP.
De ahí que la Soraya del Gobierno no perdiera la ocasión de decir al PSOE que no pueden plantear una reforma constitucional a la vez que anuncian su ruptura de relaciones con el gobierno del PP, o que pidan la dimisión de Rajoy por el caso Bárcenas mientras ellos mantienen la actual posición política de Griñán a pesar de los ERE.
Motivos todos ellos por los que la labor de oposición del PSOE, esencialmente dirigida a sus bases y votantes y a salvar como sea su relación con el PSC, carezca de impacto y credibilidad. Y de ahí también que en la interpelación de ayer al Gobierno el debate de las ‘Sorayas’ se zanjara con la victoria de la vicepresidenta. La que en esa ocasión utilizó un tono frío y comedido, alejado de sus anteriores aguerridas intervenciones, quizás para invitar al PSOE a un acercamiento político e institucional y para un posible pacto entre ambos para ‘enterrar’ la corrupción, dejando caer de paso que la fiscalía del Estado -a las órdenes del Gobierno- aún puede actuar con mas dureza en los casos que afectan al PSOE.
Cuestiones todas ellas que por el momento no benefician desde el punto de vista pre electoral al PP ni al PSOE, aunque sabido es que lo que más desgasta en la vida política es la oposición, frente a quien ostenta, como ocurre ahora con el PP, un amplio poder.








