Rajoy contra Nadal

Más de media España estaba enfurecida -iba a decir encabronada- en la noche del lunes ante la imposibilidad de ver por televisión la final de US Open de tenis entre Novak Djokovic y Rafael Nadal. ‘¡Se han gastado un dineral en viajes y en la retransmisión del gran fracaso olímpico de Madrid 2020 en Buenos Aires!’, y no han querido ofrecer a los españoles ese gran espectáculo deportivo de alcance mundial donde participó el primer deportista de España, Rafael Nadal. Así bramaban millones de españoles indignados y hartos de razón sin entender lo ocurrido, porque ni TVE, ni La Cuatro y Telecinco, o Antena 3 TV y La Sexta, todas ellas presas de patas en el fiasco triunfalista de la Olimpiada, habían querido contratar la retransmisión del US Open, y ni siquiera la final en la que estaba Nadal, donde, vista su reciente trayectoria, tenía todas las de ganar.

Había dicho Rajoy regresando de Buenos Aires, donde se cayó de bruces desde la euforia colectiva del triunfo imposible, que el día que tuviera una buena noticia sobre España iría a la plaza de toros de Las Ventas de Madrid -el lugar donde él suele actuar como el Don Tancredo- a pregonarla. Pues el lunes al alcance de su mano la oportunidad del triunfo de Nadal y lo desperdició negándole a los españoles la oportunidad de recuperar parte de la decepción olímpica pero Rajoy no hizo nada. Y los hispanos de esta orilla del Atlántico se quedaron sin ver el espectáculo de Nueva York donde rugía Nadal ante el asombro de todos, incluido Djokovic, y mientras los comentaristas americanos del partido coincidían al diciendo, al final del torneo y ante el partidazo y las remontadas épicas de Nadal: ‘la fiera ha vuelto a Nueva York’.

En efecto, ‘la fiera’, el primer deportista de España, uno de los más grandes del mundo y probablemente en unos años el mejor tenista de todos los tiempos, Rafael Nadal después de siete meses lamiéndose sus rodillas heridas, reaparecía como un huracán, en un lunes laboral, con la pista central del US Open abarrotada y ante cientos de millones de espectadores de todo el planeta que siguieron la exhibición del español, el máximo exponente de la marca España. Pero sólo los españoles no pudieron ver la gran final. ¿Por qué? ¿Acaso el aparato de propaganda de la Moncloa no pensó que el acontecimiento beneficiaría a Rajoy y quitaría a los españoles el mal sabor del teatrero fiasco olímpico? ¿Acaso no se contratan eventos deportivos menos importantes o se emiten en días claves ciertas películas de postín a título de ‘pan y circo’ para el pueblo enfurecido e indignado con el poder? Pues sí, claro que se hace, y este Gobierno lo hizo más de una vez para desorientar al personal.

Entonces ¿qué paso? El fantasma de la Moncloa que recorre por las noches los desvanes del poder nos ha novelado la explicación: ‘Sorayita tiene un ratón chiquitín’ -jefa de la comunicación del Gobierno- fue a ver a Rajoy escoltada por sus expertos del ramo en Moncloa (los Arriola, Castro, Moragas y demás artistas) y le dijo al jefe: ‘Mariano lo de Nadal nos puede venir muy bien, al memo de Somoano de TVE se le había escapado el contrato de US Open sin enterarse de la trascendencia del evento pero aún estamos a tiempo, ¿se compra y retransmite la final de Nadal?’.

Rajoy escuchaba pacientemente a la comitiva, recostado en el sofá blanco del despacho presidencial mientras hacía aros de humo con un puro que le envió Fidel -por negar Rajoy el indulto a Carromero, a ver si así perdía los nervios Aguirre, la protectora de este idiota de las juventudes PP-, y tras un largo silencio y sacando a flote su conocido ‘valor’ (sic) y galleguismo proverbial les espetó a sus interlocutores: ‘¿y si pierde Nadal?’. La comitiva, presa de su desconcierto, se dio la vuelta y se marchó. Y, colorín colorado, los españoles se quedaron sin la transmisión. Pero Rafa Nadal, la fiera de Nueva York, no falló y Mariano se equivocó.