Letizia y Botella

La princesa está triste, la princesa está seria, Madrid 2020 fracasó en Buenos Aires bajo el estruendo de una espectacular tormenta que provocó el apagón de la retransmisión televisiva, justo en el mismo momento en el que España hacía su presentación. Todo se vino ‘a negro’ como una premonición, y España cayó derrotada en primera votación a mano de los turcos, los que a su vez fueron derrotados por Tokio en la última votación. Creíamos que en esta ocasión la princesa Letizia iba a ser nuestro talismán, y guapa y muy atenta al desarrollo de los acontecimientos que estuvo la señora, incluso mandando callar a algunos representantes de la delegación española cuando el Príncipe hacía su discurso final.

Pero no pudo ser. Se impuso la rotación continental del COI y al final, con lo nuclear de por medio, los nipones vencieron después de una excelente exhibición de su poderío económico y capacidad de organización. Y el gran Madrid y la hermosa Estambul fueron los perdedores de esta mágica oportunidad.

¿Quién es el gafe de la triple derrota española, frente a Londres, Rio y Tokio? No se sabe pero por ahí está. Algunos apuntan al exalcalde de Madrid, Gallardón, promotor de las tres candidaturas y especialmente de las dos últimas cuando no era el turno europeo, pero él se empeñó. También se ha dicho que la portada del diario El Mundo, anunciando que España tenía comprometidos cerca de 50 votos a su favor, pudo haber indignado a algunos delegados del COI que cambiaron su decisión en plena votación. Puede ser, asimismo, que Alberto de Mónaco, el pelmazo preguntón que fue el culpable de la derrota de Madrid frente a Londres en el turno de Europa, haya provocado  con su mal fario este tercer revolcón.

No se sabe bien, pero el gafe existe, como ha existido un claro error de cálculo político y de oportunidad, a pesar del esfuerzo que se ha realizado en el que, temerariamente, se incluyó en las últimas semanas una oleada de optimismo que luego provoco el lleno absoluto de la Puerta de Alcalá y la desbandada final en plena decepción ciudadana. Lo dijo claramente la alcaldesa Ana Botella al conocer la eliminación es España: ¡es horrible! Y eso que ella había hecho un asombrosa interpretación de su discurso, como si de una primera actriz se tratara, moviendo los ojos, ampliando la sonrisa, subiendo el tono y marcando la pronunciación -mucho me temo que el Wyoming hará de las suyas al respecto- hasta el punto de causar el asombro de la comitiva y de cuantos la siguen y la conocen en sus públicas apariciones de Madrid. Ana Botella -a quien por cierto no acompañó su marido José María Aznar– fue sin duda la revelación de la presentación. Y a buen seguro que, si no se deprime en el regreso a Madrid, no le va a facilitar nada a Esperanza Aguirre la candidatura a la alcaldía de la capital en los comicios de 2015. Como tampoco lo hará Mariano Rajoy.

En realidad es España, el país en su conjunto, el que no está para estos trotes ni estos concursos. El país está deprimido, tocado por la crisis económica, el paro, el deterioro político e institucional y también por la corrupción y la falta de cohesión nacional (ahora viene la ‘gran sardana’ de la Diada del día 11). ¡Qué le vamos a hacer! Hay que esperar tiempos mejores, que llegar, llegarán, pero de momento no levantamos cabeza. Ni con la ayuda de Letizia ni con la actriz Botella y su interpretación magistral. Los japoneses se han llevado la Olimpiada, los turcos se tomaron la revancha de Lepanto, y en España paciencia y barajar. En suma, otra vez será.