Los Comunes

El Parlamento británico, la Cámara de Los Comunes, le ha dicho no a David Cameron en su empeño por lanzarse, incluso sin el permiso de la ONU, a la nueva guerra de Siria con la que Obama pretende sacar brillo sin más miramientos a los galones dorados de comandante en jefe del imperio. En Inglaterra sí que existe un Parlamento, que ha sido convocado de urgencia ante la gravedad de la situación internacional y en el que el ‘premier’ Cameron se ha sometido a una votación a la que no tenía obligación para, al final y tras perderla, aceptar el resultado y anunciar que por ahora no se sumará al ataque anunciado por Obama.

He ahí la grandeza de la Democracia. El Parlamento convocado de urgencia y el primer ministro a pesar de su capacidad sobrada de decidir y de contar con una amplia mayoría, acepta el reto de la votación y la pierde por causa del ‘no’ a la guerra de 30 diputados conservadores y 9 liberales, que se han opuesto a la guerra y se han colocado del lado de la ciudadanía británica que, como en España, Francia, Alemania, Italia e incluso EEUU, está harta de las aventuras bélicas de sus gobernantes. Las que además han acabado en fracasos estrepitosos en Afganistán, Libia e Irak.

Ahora bien, ¿se imaginan que en España Mariano Rajoy, en un ataque de responsabilidad, convocara de urgencia el parlamento español y se sometiera a una votación sobre la guerra de Siria u otra importante cuestión nacional, y además diera libertad de voto a los diputados de su mayoría para que la ejercieran en secreto? Eso, lamentablemente, es imposible con el PP, como imposible lo fue con el PSOE. De manera que mucho ¡Gibraltar español!, pero sigue siendo ‘al otro lado de la verja’, simbólicamente hablando, donde brilla la democracia con mayúsculas y no partitocrático lado español, donde acabamos de asistir al bloqueo, por parte de la mayoría del PP, de los debates urgentes en el Parlamento que solicita la oposición.

El Gobierno de España, a remolque de todo y de todos, aún no ha fijado una posición sobre Siria que debería ser ‘no a la guerra’, tal y como a buen seguro lo desean la gran mayoría de ciudadanos. Pero Rajoy está a lo que le digan en Washington en cuestiones de defensa y seguridad, y a lo que le digan en Berlín en asuntos de economía y finanzas. Digamos que está de ‘encargado’ o casi ‘en funciones’ de presidente del Gobierno español, y no se le ocurre salir, con este u otro motivo, ante el Parlamento o los medios de comunicación por nada del mundo, ni mucho menos para abrir así el curso político y demostrar que algo va a cambiar este otoño en su Gobierno y en sus maneras de gobernar.

Y lo que es peor, el Gobierno todavía presume estar a la espera de los informes de la ONU sobre el uso de armas químicas por parte del gobierno de Siria, como si de ello pretendiera la intervención militar de buques y aviones españoles en el conflicto jugando a ser una gran potencia internacional, lo que resulta irrisorio y de una asombrosa temeridad. ¿Qué tiene que esperar España para decir ‘no a la guerra’ de una vez por todas y para siempre.

El no a la guerra de la Cámara de los Comunes -aunque luego en Londres se rectifique dicha posición- ha caído como un misil en Washington y ha dejado al presidente Obama en la evidencia por parte de su tradicional principal aliado militar conflictos armados, y en un momento especial donde las encuestas en USA muestran una oposición frontal a la entrada de los Estados Unidos en una nueva guerra. ¿Qué pasará? Esa es la cuestión porque Obama fue demasiado lejos en su pronunciamiento inicial. En todo caso en España ya no caben más dilaciones ni más ambigüedad. Y solo nos faltaría tener que anunciar un nuevo gasto militar para pagar las aventuras militares de otros, adornando el liderazgo de Rajoy con unas pinceladas belicistas, a sumar a todo lo demás.