El culto al fuego

Todos los años por estas fechas, y desde hace ya mucho tiempo y con distintos gobiernos del PSOE o del PP, asistimos como si de una ceremonia obligada se tratara a la destrucción de los bosques y parques nacionales de España por culpa de los incendios. Una demencial ofrenda y culto al fuego por parte de unos gobernantes que permanecen en la resignación y de unos ciudadanos que no se han movilizado contra la destrucción gratuita y en muchos casos delictiva de esa enorme riqueza nacional, muchas veces perdida para siempre y otras a recuperar a muchos años vista.

¿Cuál es el valor de los montes, los bosques y reservas naturales destruidas en España en los últimos veinte años? Puede que sea incalculable. Y ¿cuántas conferencias nacionales del Gobierno central con los locales y autonómicos se celebraron para plantear una lucha frontal en contra de los incendios? Pues no se recuerda ninguna. Y ¿qué ha hecho o hace el Parlamento para poner fin a este desastre? Nada especial. ¿Y la UE, acaso no le llega el olor a quemado?

A lo mejor se han hecho cosas importantes que no recordamos, pero si fuera así esas decisiones e iniciativas habrían sido malas porque el problema continua sin cesar. Y ¿tiene arreglo? Claro que lo tiene, en la prevención, el endurecimiento de sanciones y en la necesidad de un ‘ejército nacional’ anti incendios, con sus servicios de vigilancia personal y tecnológica –GPS, drones, etc-, con divisiones enteras de bomberos y algunos cientos de aviones y camiones cisterna de la lucha contra el fuego, para atacar de una manera decisiva cualquier atisbo de incendio. ¿Cuánto vale ese ejército de verano, para cuando suben las temperaturas y el campo y los bosques son propicios a arder a la primera oportunidad? No lo sabemos, pero sin duda mucho menos de lo que vale lo que se destruye anualmente.

Además ¿acaso no tenemos a nuestro ejército en la guerra inútil y fallida de Afganistán donde han muerto 100 soldados españoles, y donde España ni pinta nada ni tiene intereses estratégicos? Pues más valdría gastarse el dineral de esa guerra en escuadrones de aviones contra el fuego, divisiones de camiones cisternas y en  compañías de bomberos profesionales y voluntarios dispuestos a trasladarse de urgencia a los lugares donde el fuego suele hacer su particular agosto destructor.

Ya sabemos que España no es el único país de la UE que sufre los incendios del verano, y que en Estados Unidos también ocurren casos similares, y además que aquí tenemos otros problemas y en este tiempo no hay mucho dinero en los Presupuestos del Estado para nuevos gastos. Pero, por encima de todo eso, tenemos que saber que se está destruyendo el país, que todos los años España arde por los cuatro costados y en ocasiones con varios incendios a la vez, y que esto no puede seguir así. Acaso ¿no es el ministro de Agricultura, Arias Cañete, el mejor valorado del Ejecutivo? Pues a ver que se le ocurre al ministro y que decide proponer, no ya de cara al año que viene, sino de cara al otoño que entra para desde este mismo instante comenzar a prevenir y a prepara el ejército anti incendios, porque esa sí que sería un auténtica misión de paz.