El verano de Letizia

Los problemas de la Familia Real son como los del PP: los han creado ellos mismos. Y gracias deben dar en la Zarzuela a los españoles -y a los partidos políticos, sobre todo al PSOE, que es un partido ‘monárquico/borbonista’- por no sacar de todo ello las consecuencias políticas apropiadas. Estamos ante un absoluto disparate y descontrol de las andanzas de los consortes políticos de la Familia Real -la princesa Corinna aquí incluida- que va de Marichalar a Urdangarin y de este a Letizia, porque llama mucho la atención, y así lo ha subrayado Jaime Peñafiel en estas páginas, que el diario ABC, guardián de las esencias de la Corona, se haya hecho eco de una crisis matrimonial de los Príncipes de Asturias.

Lo que confirma algo que ya dijimos aquí sobre la inoportunidad de la posible abdicación del Rey Juan Carlos en el Príncipe Felipe en plena crisis económica, social e institucional de España, sobre todo porque en ciertos círculos próximos a la Zarzuela se insiste en la idea de que la Princesa Letizia ‘no está preparada para ser Reina de España’, ni por lo que se cuenta para asumir la enorme e importante responsabilidad de ese ensayo general que comporta el Principado de Asturias. Y, visto lo que nos cuenta el diario ABC, ahora con mayor motivo y por más que esa crisis del matrimonio sea pasajera, como pasajeros deberían de ser los antojos privados de la Princesa que, desde luego, no puede actuar como cualquier otro ciudadano.

Hace algunas semanas el diario El País publicó un reportaje sobre las escapadas de Letizia, sin el Príncipe, a los conciertos de rock y en compañía de sus amigos. Y relató que en uno de esos casos el organizador del concierto roquero invitó a la Princesa y a sus acompañantes a tomar una copa en el bar del concierto, el lugar donde se había instalado la comitiva, a lo que Letizia respondió de esta guisa al anfitrión: ‘gracias, ahora no, luego ya pillamos algo nosotros’.

O sea que la princesa ‘pilla’, como pilló al Príncipe, y maneja un lenguaje cheli-roquero bajo el estruendo musical, con la misma soltura y alegría que al parecer le dijo no hace mucho a un general durante una recepción oficial, en la que la Princesa de Asturias le invitó a sentarse -cosa que el militar rechazó porque el Rey estaba de pie- que cuando ella fuera Reina de España (sic) ese protocolo se iba a cambiar.

No sabemos qué ha pasado en la vida matrimonial del Príncipe y la Princesa -estamos a la espera de que Ramón Pérez Maura nos lo cuente en ABC-, pero tenemos la impresión de que Letizia, que ha sido prudente en público, con mejores o peores caras, se está empezando a soliviantar, como se desmadró Bárcenas en el PP, ante la mirada atónita de Rajoy, que puede ser tan atónita como la mirada de los Reyes de España ante esta crisis matrimonial, que para muchos atentos observadores se veía venir. Y que puede ser una simple tormenta de verano, o el preludio de un otoño mucho más caliente de lo esperado.

Y puede, quizás, que ese cambio de actitud de Letizia provenga de la sensación que debe tener de que lo de la abdicación del Rey va para largo o hasta que se muera, y que ella no se ve con fuerza ni con ganas suficientes para continuar en la larga espera. Y eso sí que sería para preocupar, institucionalmente hablando. Y puestos a especular sobre lo que ocurre entre los Príncipes de Asturias y la extraña marcha de Letizia de Mallorca, o el lugar secreto donde se puede haber ido a veranear, ahí va otra pregunta: ¿dónde veranea el Rey? Bueno, el Rey es el Rey, y eso es precisamente lo que nunca han entendido Marichalar, Urdangarin y Letizia que puede que creyeran que los comportamientos y privilegios del monarca son extensibles al conjunto de la Familia Real lo que, como ya está probado, no es verdad.