Cospedal, comedora de sapos

Ha dicho la presidenta de la Mancha, María Dolores de Cospedal y señora de López del Hierro, que ella ‘no está dispuesta a comer más sapos que los justos’, en referencia al caso Bárcenas y al caos y desgobierno que impera en la cúpula del PP. El lugar donde Mariano Rajoy se ha dejado abofetear por su secretaria general ante el juez Ruz de la Audiencia Nacional -quien ahora debería de llamar a declarar a Rajoy- con la excusa de ‘manos blancas no ofenden’, o mirando hacia otro lado, que son tácticas habituales tras las que Rajoy se suele parapetar para ocultar su proverbial cobardía y su capacidad de fuga ante cualquier peligro, conflicto o desafío de la política, incluso de sus propios compañeros de partido que se le suben a las barbas con gran facilidad.

Ahora bien, mientras Rajoy disimula y se deja humillar, tenemos que preguntarle a Cospedal cuántos sapos se ha comido y ¿hasta dónde llega el límite ‘justo’ de su apetito de esos poco agraciados batracios, con los que se desayuna, almuerza o cena la secretaria general del PP? ¿Cuántos sapos son los justos que se ha tragado o está dispuesta a tragarse la insaciable Cospedal, acumuladora de cargos, sueldos y, vía consorte, Consejos de Administración? Una bonita colección en la que quiso incluir la Red Eléctrica Española, lo que su primera enemiga interior, Soraya Sáenz de Santamaría, se lo impidió, mientras ambas se peleaban por el control directo de la comunicación del Gobierno y del PP e incluso de RTVE.

Desde luego quien no tiene límite comiendo sapos es Rajoy, se los zampa crudos, cocinados a la gallega, en ensalada o con una salsa de chipirones. Lo malo del festín de batracios al que se suele dar el presidente del Gobierno y del PP es que uno de su sapos más queridos, Luis Bárcenas, le ha salido rana y cantarín. Es un ‘sapo cancionero’ como el de la canción de ‘Los Chalchaleros’. Mientras que al contrario, la que pretendía ser princesa heredera del Rey Rajoy, la Cospedal, se ha convertido como por encanto y al caer su bola de oro en el fondo del pozo del patio del palacio, no ya en una ranita simpática y dicharachera, sino en un sapo más gordo y viscoso que ya está en la despensa de Rajoy. Y lo que es peor, se está diciendo que Cospedal quiere liderar a los que están en contra de Rajoy en el PP, que son bastantes, para intentar ella -como tantos otros que fracasaron en el intento- suceder a Rajoy en la jefatura del Gobierno y del PP.

Y ¿cómo piensa ella dar ese golpe de mano contra Rajoy y con quien cuenta para semejante aventura, cuando todos saben en el PP que la causante del estallido del caso de Bárcenas ha sido Cospedal y que mintió reiteradas veces en ese proceso sin decir la verdad de la doble contabilidad y la financiación ilegal del PP que ella bien conocía por más que viniera de lejos? Y ¿qué nos dice la señora de los Consejos de Administración y de los negocios de su marido empezando por su paso por CCM y el sueldo escandaloso y de tapadillo en Liberbank, entre otras muchas cosas, amén de la comisión de los 200.000 en Toledo?

Una persona que reconoce haberse comido varios sapos del PP y que está dispuesta a comerse algunos más, hasta ¡los justos!, no merece seguir en la política, ni en el PP, y mucho menos en su dirección nacional donde ha dado pruebas sobradas de su falta de lealtad y de apoyo a su presidente, rompiendo la unidad de la alta dirección del PP, y jugando al ‘sálvese quien pueda’ o al ‘que cada palo aguante su vela’.

Pero todo eso después de haberse tragado Cospedal el gran sapo de la corrupción del PP. Si hubiera reconocido la verdad diciendo que hubo financiación ilegal y contabilidad ‘B’, como muy bien sabía ella desde que ocupó la secretaría general en 2008, entonces podría distanciarse de Rajoy. Pero se comió el sapo más gordo y mintió y ahora, enfrentada a la cúpula y al Gobierno del PP, solo le queda presentar la dimisión o esperar su cese fulminante en el momento que más le convenga a Rajoy, y eso si antes alguno de sus compañeros traicionados se decide a contar la lista de los sapos que Cospedal ya se ha tragado, como lo acaba de reconocer ella misma en la antesala de la Audiencia Nacional.