Marco Aurelio
La Guardia Civil antes ‘caminera’ ha recuperado en Sevilla un busto del emperador Marco Aurelio que había sido robado de una iglesia por unos cacos de la capital andaluza, que se colgaron del techo como alpinistas para llevarse la pieza en pos de una venta clandestina de tan augusta cabeza que no llegó a buen fin y de la que los ladrones pensaban llevar llevarse cerca de medio millón de euros, para darse un veraneo de postín.
Como Séneca y Lucano, Marco Aurelio, político, guerrero y filósofo, había nacido en Córdoba y practicaba el estoicismo con su ejemplo y escritura. Su frase mas célebre no tiene desperdicio: “El verdadero modo de vengarse de un enemigo es no parecerse a él”. Bonita lección de este emperador de Roma al que llamaban ‘el sabio’, y al que dio vida Richard Harris en la espectacular película de Gladiator, donde el héroe es otro español, el general Máximo Décimo Meridio, oriundo de Mérida, que tras enfrentarse a Cómodo, el hijo de Marco Aurelio huyó de Italia pero regresó para triunfar en el Circo de Roma como el más famoso gladiador de su tiempo: ¡El Hispano!
Ahora los hispanos que triunfan son los de Estados Unidos, como una comunidad poderosa y emergente, mientras los españoles, los hijos de esa Marca España aflamencada y lenguaraz que no vende una escoba, estamos pendientes del circo de Madrid que abrirá sus puertas el día primero de agosto para una sesión monográfica dedicada a los relatos del preso extesorero del PP Luis Bárcenas, que tendrá lugar en esa Cámara Alta, copiada de Roma que se llama el Senado -el Congreso está en obras, otro síntoma- y que constituye un rumboso lujo institucional de esta España en ruina en la que los senadores que en nada se parecen a los de Roma y para colmo se hablan entre ellos a través de los traductores de los idiomas varios que se han convertido en la excusa o la cuña que rompe la cohesión nacional, en aras de todo eso que se llama ‘el hecho diferencial’. Que aplicado por el nacionalismo quiere decir menos democracia y menos libertad.
El motivo del gran debate del Senado es la confesión de Bárcenas ante el juez Ruz en justa venganza porque el Gobierno, a manos del ambicioso Gallardón (en el papel de Bruto frente a Rajoy), lo metió en la cárcel ‘sin fianza’ -la prisión que acaba de confirmar la Audiencia Nacional-, como una respuesta fulminante del poder a la escalada de chantajes y amenazas mutuas que se estaban aireando en el seno del PP. Una extraña danza de la muerte de la cúpula de este partido a la que se ha sumado ‘motu proprio’ o bien a instancias de Aznar o de Aguirre, el diario El Mundo a cambio de unas exclusivas para la portada de su edición de papel y de futuros favores del que llegue a ser sucesor de Rajoy, si el de Pontevedra se rinde a la evidencia y decide que se va. Lo que no parece imaginable, conocida su capacidad de resistencia y su inmovilismo marmóreo, como la cabeza de Marco Aurelio.
Ahora que se han acabado los funerales del tren de la muerte en la catedral de Santiago de Compostela, donde los Príncipes Felipe y Letizia y la infanta doña Elena han estado muy bien, en el circo Madrid ya se están organizando los preparativos del gran debate del Senado a propósito de la corrupción. No vamos a asistir a un encuentro dialéctico entre Catilina y Cicerón, ni tampoco a una escenificación en la arena de Madrid de una batalla campal entre las huestes de Cartago y los cuádrigas de Roma. Ni está previsto que a la tribuna suba un tribuno de fuste o a la arena baje un líder Hispano como el que interpretó Russell Crowe en la cinta dirigida por Ridley Scott.
Lo nuestro carece de épica, audacia y grandiosidad. Quedará en una reyerta navajera, de golpes bajos, mentiras por doquier y lo de “tú más” y acabado el debate todos se irán a la playa. Los unos pidiendo a gritos la dimisión de Rajoy, y el presidente como si no fuera con él y después de haber pronunciado un críptico discurso que nadie podrá descifrar, pero cuya conclusión será la de “no me voy, virgencita que me quede como estoy”. En nuestro caso la venganza dialéctica consistirá en parecerse mucho al adversario, es decir veremos a la clase política al desnudo, o tal para cual.








