En el país de los misterios

Nos acercamos al final del curso político y en pleno debate sobre la necesaria transparencia política, pero cada día que pasa crece la opacidad. Griñán se va de la presidencia de la Junta de Andalucía y aún no sabemos el verdadero por qué, como no sabemos que va a pasar en el interior del PSOE sobre el liderazgo de Rubalcaba. Y Rajoy, por fin, se acerca a dar su ‘versión’ sobre el caso de Bárcenas y mucho nos tememos que lo volverá a negar todo, o que pretenderá desplegar una espesa cortina de humo para tapar las evidencias que pesan sobre su presidencia del PP desde el año 2014.

Sobre las prisas por marcharse de la Junta de Griñán se dan cada día nuevas versiones. Una sobre su posible imputación en el caso ERE, y otra sobre problemas personales -enfermedad familiar, se comenta- a los que hizo alusión Alfonso Guerra para justificar las prisas del relevo. Podría darse el caso de que se juntaran ambas cosas, pero Griñán no debería abandonar la Junta sin decir a los andaluces que, además, asume la responsabilidad política que sin duda tiene en el caso de los ERE, y ya veremos si también penal. Pero en España ni las mentiras ni las responsabilidades políticas se pagan como se debieran, con ceses y dimisiones fulminantes.

Naturalmente la marcha de Griñán y el lanzamiento por ‘dedazo’ de Susana Díaz al frente de la Junta de Andalucía abre otra puerta en el interior del PSOE, y ya hay quien dice que si la que será la nueva presidenta andaluza marcha bien en el Sur, luego podría desembarcar en Madrid donde Rubalcaba permanece parapetado, a la espera de acontecimientos, y afilando su discurso frente a las presuntas responsabilidades de Rajoy en el caso Bárcenas. En un debate en el que tanto el PSOE como el resto de partidos de la oposición no piensan dar tregua al presidente, y se centrarán en el caso Bárcenas despreciando las otras cuestiones económicas, con las que Rajoy pretenderá reconducir el caso Bárcenas para dejarlo reducido a su mínima expresión.

A pesar de que media España estará de vacaciones y de que bajará el seguimiento de los medios de comunicación en el día primero de agosto, con millones de españoles de viaje -es lo que ha buscado la Moncloa, para reducir el impacto del debate- lo cierto es que Rajoy lo tiene bastante mal. Porque tendrá que explicar lo que no es fácil de explicar: sus SMS, documentos originales de la doble contabilidad del PP, confesión al juez de su extesorero, etcétera. Y deberá hacerlo con precisión y sin eludir preguntas concretas porque de lo contrario saldrá muy tocado de la prueba y entrará -y con él su Gobierno y el PP- en un tiempo de autodestrucción, que se completará a mucho peor si sus esperadas buenas noticias económicas, el esperado parto de los montes o de la EPA, solo nos ofrecen un ratón.

Solo un vuelco espectacular y favorable de la economía española de aquí a final de año podría salvar a Rajoy y sacarlo de la oscura cueva en la que se esconde. Y si ello lo acompaña con una crisis del Gobierno, que podría preparar este mes de agosto, pues mejor que mejor. Sacando de paso a los tres ministros que ya han dicho que se quieren marchar -Montoro, Wert y Gallardón- y algunos mas que no pueden más, como Mato.

Pero todo eso requiere capacidad de liderazgo e iniciativa, unas cualidades que no son propias de Rajoy. Si lo han tenido que llevar a la fuerza al Parlamento, pues imagínense lo difícil que es convencerle de que debe hacer una crisis de su Gabinete e incluso cambiar la estructura del Gobierno incluyendo vicepresidencias -una económica y otra política- y políticos de altura y del máximo nivel, otra cosa que a Rajoy le produce pavor.

Seguimos pues en la oscuridad por doquier y a la espera de ver algo de luz en la política, el parlamento y la economía. Una espera que será larga y sin garantías de que las buenas noticias vayan a llegar. Para eso tendrían que cambiar muchas cosas, empezando por Rubalcaba y a Rajoy. Pero eso parece pedir demasiado tanto al PSOE como al PP, aunque cada día que pasa esos relevos se nos presentan como una urgente necesidad.