Aguirre entra en la escena

El discurso moral de Aguirre a Rajoy esconde en la bocamanga una cuestión de fondo: la eventual sucesión del presidente del Gobierno y del PP, si la crisis de Bárcenas va a peor y aparecen las pruebas contundentes que el preso de Soto del Real dice tener en su poder para derribar, cual sastrecillo valiente y de un solo golpe, al Gobierno de la nación. Máxime cuando la condesa ha descubierto que está maniobrando en la oscuridad su adversario Gallardón, que Aznar está ‘cabreado como una mona’ como dijo su entrenador, y que Piqué va a por todas y pretende llegar, como primera estación, a la vicepresidencia económica del país.

Aguirre se había marchado de la política y, como Aznar, ya está de vuelta. El veneno del poder los vuelve locos y ambos dos dicen que están disponibles para salvar a España y al PP, de la que se anuncia como la hecatombe electoral y política de Rajoy. Y nos quejábamos de Zapatero, y con razón, pero hete aquí que ahora don Mariano -que sigue sin mejorar las macro cifras de la crisis que heredó- también nos está saliendo rana y remolón.

Como era de esperar, menuda es nuestra condesa de Bombay y la ‘lideresa preferida’ de Pedro J., doña Esperanza Aguirre, como para perderse un papel destacado en este nuevo esperpento político/teatral del llamado caso Bárcenas, digno de un guión de Albert Boadella al estilo de Valle Inclán. Y así, la Esperanza de Malasaña se lanzó ayer al escenario, compuso el gesto y alzó la voz para declarar que “si hubo irregularidades en la financiación del PP, que se reconozcan y se pida perdón”, y señaló que es muy importante adelantarse a la Justicia. Y añadió: “no puede ser que los votantes del PP, el partido de Miguel Ángel Blanco, tengan que pasar vergüenza”, para concluir apuntando: “ésta debe ser una oportunidad para depurar responsabilidades”. Es decir, que el principal responsable que es Rajoy que lo diga, lo reconozca y haga las maletas.

Ahí queda eso, o ese misil lanzado contra el búnker de Moncloa, donde yace tumbado Mariano Rajoy, viendo pasar los cohetes sobre su cabeza y siguiendo con interés las últimas etapas del Tour que es lo que verdaderamente le interesa. Eso y la prima de riesgo son sus pasiones más inmediatas. Aunque don Mariano a buen seguro que pensará que en eso de la corrupción y de todas las responsabilidades, incluidas las de ‘in vigilando’ de las que habló también no hace mucho doña Esperanza, la expresidenta de Madrid tiene su cuota parte.

Y no solo por los chicos del Gürtel que tenía en su Gobierno y su Comunidad, sino por el cúmulo de sospechas que sobrevuelan -y que bien conoce don Mariano- las cabezas de su actual presidente madrileño, el del pisito marbellí de Delaware, Ignacio González, el chino de la coleta blanca y su exvicepresidente, el tal Granados o ‘granizados’, cuyo cese aún no ha sido explicado con claridad. Y ambos dos tocados en el caso del espionaje a Cobo y Prada -el amigo de Lapuerta- y alguno de ellos interesado en lo del tren de Navalcarnero y en el aeropuerto de El Álamo. Una larga pista para el aterrizaje que viene de lejos y  merecería que alguien le echara un vistazo para saber quién compró hace tiempo terrenitos, naves u otras propiedades a su alrededor. El ratoncito Pérez, que todo lo sabe, Pedro Pérez, el amigo de Aguirre y colega de las cuentas suizas de la banda de Gürtel, nos podría dar, imaginamos, alguna indicación.

Aguirre se nos presenta, pues, como la primera luchadora del PP contra la corrupción, y se posiciona en el escalafón de los que hoy sueñan con ocupar el puesto de la sucesión de Rajoy antes de que acabe la legislatura, porque después de las elecciones generales de 2015, la cosa estará rematadamente mal para el PP. O sea que los populares, a su manera, están abriendo sus primarias para elegir al sucesor. Y ahí está la condesa en primera fila, osada y sin rubor.