MasterChef
Donde estén dos huevos fritos con patatas y un par de lonchas de jamón, que se quiten de en medio las estrellas Michelín, y esa nueva, decorada y sofisticada cocina que, mire usted por donde, se está convirtiendo en una nueva industria ‘sostenible’ española, con capacidad para relanzar la marca España y mejorar nuestros niveles de turismo e incluso la exportación de productos hispanos.
Antes se decía que los españoles eran toreros o flamencos y ahora que son futbolistas o cocineros, como Iniesta o Ferrán Adrià. El que ayer entregó el premio al ganador del programa MasterChef de Televisión Española, un ‘reality’ ameno y de calidad, nada que ver con la telebasura de otros programas de televisión.
En la cocina querríamos ver a nuestros políticos, preparando un menú para la prensa o para los presos de Soto del Real, lo que sería un castigo añadido para las ‘élites’ que por allí están. Por ejemplo a Rajoy le podríamos encargar una lamprea al horno, por eso de sus orígenes gallegos. A Rubalcaba unas anchoas de las aguas cántabras. A Cospedal unas gachas manchegas. A Soraya unos cangrejos del Pisuerga. A Llamazares unas alubias con almejas. A Rosa Díez una merluza a la bilbaína. A Artur Mas unas butifarras a la plancha. A Urkullu unas cocochas en salsa verde. A Gallardón un cocido madrileño, a Fabra una paella y a Griñán una fritura de pescado.
No estaría nada mal que nuestros políticos se pasaran unas horas en la cocina a ver qué saben y qué hacen, porque lo de la política, a la que casi todos ellos le llevan dedicados muchos años, no se les da nada bien, a la vista de cómo va el país. Y sobre todo no estaría nada mal que alguno de los grandes cocineros de España estuviera sentado en los escaños del Congreso de los Diputados, y también algún pintor de prestigio, o arquitecto de postín, o jurista de altura, o un científico reconocido, o poeta de altos vuelos, o un deportista del primer nivel, o un médico de renombre, etcétera. Porque llama la atención que la sociedad civil no está presente en el Parlamento, si no solamente representada por los profesionales de la política y del poder, que por lo que se ve saben de todo y legislan sobre todo.
En estos tiempos, donde vuelven las colas de la sopa boba, y los bocadillos gratis para los niños mal alimentados, y las familias con escasez de medios para la compra. En estos tiempos difíciles la buena cocina, por moderna que sea, se ha convertido en una nueva y exitosa profesión. En un campo creativo y profesional con el que corremos el riesgo de perder los platos tradicionales (que siempre estarán ahí), pero que nos trae nuevos sabores, técnicas e innovación.
El programa MasterChef, que viene de fuera y ha tenido un gran éxito en los Estados Unidos, ha sido un acierto y un éxito tanto de audiencia como de presentación y realización. El escaparate de un idílico restaurante nacional de moda, donde millones de españoles han pegado sus narices atraídos por el aroma de esas cocinas del buen comer en la que los concursantes han puesto tanta ilusión.








