Sobre ‘la inmunidad’ de la Infanta

Que nadie se lleve a engaño. El principal motivo del creciente malestar ciudadano con la Familia Real española y los abucheos recientes soportados por los Príncipes de Asturias y la Reina, se debe a la sensación general ciudadana de la pretendida inmunidad de la infanta Cristina ante la investigación judicial del caso Nóos y de su derivada Aizoon. Estamos hablando de que la actitud de la Fiscalía, el Gobierno y de la Agencia Tributaria protegiendo de una manera descarada a la Infanta, a la que solo se le ha pedido que vaya a declarar, demostrando que todos no somos iguales ante la ley, como dijo el Rey en uno de sus mensajes navideños.

Si a ello añadimos el misterio de ‘las 13 fincas’ aparecidas en el dosier fiscal de doña Cristina, que el ministro Montoro no quiere o no puede explicar. Y menos aún sin señalar a la posible ‘mano negra’ que al parecer ha montado semejante aquelarre con la aviesa intención de embarrar la investigación fiscal del juez Castro sobre la Infanta. Una pretendida jugada maestra que puede que les haya salido mal a sus autores, porque la sospecha crece, daña más que la esculpan a la Infanta y proyectan sombras sobre la Corona y la Familia Real.

De lo que se puede deducir que, si son serios los problemas de la Casa del Rey y de la Familia Real, por causa de Urdangarin, la Infanta y la princesa Corina y ciertas las pretendidas ayudas del Rey, con uso de los palacios de Zarzuela y Marivent o de la casa de La Angorilla del Patrimonio Nacional, peor aún parecen los estrategas que, desde esos palacios, llevan estos asuntos. Porque lejos de llevarlos por buen camino hacia una recta final los están embarcando en una montaña rusa donde ya no hay frenos sino un circuito inagotable e infernal.

Por ejemplo, si la Infanta hubiera pedido declarar ella de manera voluntaria y como testigo al inicio del proceso puede que muchos de estos problemas se hubieran ahorrado. Una confesión, a la vez de Urdangarin y una propuesta de pacto con el juez y el fiscal a lo mejor habría sido otro cortafuegos, pero el duque llegó soberbio a la sede judicial diciendo que iba a defender su ‘inocencia y honor’ y ahora todo indica que es un presunto desvergonzado estafador, a la sombra y utilizando su posición familiar junto a la jefatura del Estado español.

De manera que, lejos de desenredarse la madeja de Nóos -esa empresa con plural mayestático, como sus “reales” folletos, para que no quedara duda de su posición-, todo se está complicando hasta límites insospechados de imprevisibles consecuencias. Y si los genios que dirigen la estrategia del gran palacio mezclan sus descaradas campañas de propaganda real y principesca en la televisión con las noticias de los escándalos de Urdangarin y el misterio de ‘las 13 fincas’ (que parece el título de una novela de Agatha Christi), pues en ese caso tenemos organizado el ruido y espectáculo y de ahí vienen abucheos y todo lo demás.

Puede ser cierto que, como dicen desde Zarzuela, los ciudadanos culpan al poder establecido de las consecuencias de la crisis. Pero en este caso, que no se engañen, lo que más indigna es la idea y la sensación de la presunta ‘inmunidad’ de la Infanta unida a la que se creía ‘impunidad’ de los negocios de Urdangarin. Si no quieren ver así la situación allá ellos. Y de paso que se cuide y mucho el fiscal general Torres Dulce de ir a por uvas o de meter sus narices en el horno incandescente de la Agencia Tributaria porque se las puede quemar, encontrándose a lo mejor con esa ‘mano negra’ de la que nadie quiere dar noticia o desvelar su identidad.