Zapatero sin discurso ni ideas

No tiene buen aspecto, lleva en la cara la marca del fracaso y del cúmulo de errores políticos y económicos amasados bajo sus dos mandatos presidenciales, y no es capaz de reconocerlo ni tampoco de entenderlo. Aunque sospecha que es ‘culpable’ y se equivocó. Zapatero ha reaparecido en el Club Siglo XXI con un discurso de la nada, vacío, sin ideas ni propuestas, preñado de generalidades y tópicos sobre España, Europa y la globalización, jugando al todo el mundo es bueno -su proverbial ‘buenismo’-, sin autocrítica y sin entrar en las cuestiones conflictivas, o calientes, del presente momento español. Solo aludió al paro con pesar, diciendo que ahí el fracasó y que esperaba que triunfara Rajoy, a la vez que le pidió a Rubalcaba que ayudara al Gobierno del PP.

La verdad es que daba pena verle y escucharle. Era un Zapatero en estado puro y gaseoso, tal y como es y sin nadie que le escriba un texto de mayor alcance y con alguna novedad. De todo lo que dijo, o más bien no dijo, no hubo manera de obtener un titular.  Lo que es peor sigue sin saber lo que es la Democracia, cosa que el confunde con la partitocracia, y por ello no entra en detalles a propósito sobre la reforma democrática necesaria en España, tal y como por ejemplo lo hizo Aznar en esa misma tribuna con claras propuestas y con rotundidad, aunque el proyecto presentado por el ex presidente del PP también era incompleto democráticamente hablando. Pero Aznar dijo cosas y ofreció titulares y de paso le mando unos cuantos mensajes a Rajoy.

Zapatero hizo el elogio obligado de la Corona y la apología de la partitocracia -’no hay democracia sin partidos’, dijo como quien dice algo-, afirmando que los partidos tienen democracia interna, lo que no es verdad como ahora lo reconocen en el PSOE con sus reformas internas. Y ni una palabra pronunció sobre la gigantesca corrupción. Declaró, eso por su cuenta, que la Justicia ‘cumple’ (sic), elogió a Rubalcaba (al que le pidió que ayude a Rajoy) y nos habló de sus conquistas ‘civiles’ -matrimonio gay e igualdad de sexos -y ‘sociales’, en pensiones, etc., como su gran aportación y herencia de su estancia en el Gobierno de España.

Nada nos dijo ZP sobre su no reconocimiento de la crisis hasta dos años después de su segunda victoria electoral en 2008. Ni de su famosa frase de la nación española ‘discutida y discutible’ y de su fallido estatuto catalán que abrió la puerta al vigente desafío secesionista de Cataluña. Ni tampoco de su salida intempestiva de Irak para en la guerra de Afganistán, su sí reforma constitucional sobre la estabilidad -cuestionada por la izquierda e incluso por una parte del PSOE, o del escudo anti misiles de USA que le regaló a Obama en su despedida junto al indulto al banquero. Ni habló Zapatero -en ese foro dedicado a la Transición- de su error al reabrir las tumbas y heridas de la Guerra Civil, que el PSOE ya había cerrado muchos años atrás.

Por supuesto Zapatero no mencionó la Alianza de Civilizaciones y se nos fue por los cerros de Úbeda de la globalización, Europa, el modelo económico español, llenándose la boca de tópicos y de generalidades. Para acabar diciendo que los españoles podemos y que Europa nos espera.

Se le nota, en el tono y en la ausencia de discurso y de ideas y propuestas, su desolación. Y sigue sin saber que España no es una democracia porque: no existe la separación real de los poderes del Estado, ni elecciones representativas y proporcionales, ni Justicia independiente, ni unos medios independientes de comunicación, ni representantes y gobernantes elegidos directamente por los ciudadanos, ni unas Cámaras con debate abierto y posibilidad de criticar al Gobierno desde los bancos de la mayoría, ni controles de calidad de los gobernantes antes de acceder al cargo. Zapatero no sabe nada de eso, ni le interesa. Cree que la partitocracia ‘a la española’ es el no va más. Y así le fue y así nos va.