La Banda de Música

Julio ya está aquí, entre fríos, calores, lluvias y riadas. El tiempo como todo lo demás está revuelto y novedoso porque hay que inventar. Por ejemplo, este verano para las rebajas se anuncia la llegada a Madrid de doce bandas de música valencianas que, tocando pasodobles e imitando al flautista de Hamelín, llevarán a los grandes almacenes a miles de ciudadanos. Y los músicos de La Banda El Empastre subirán por las escaleras mecánicas de cada centro alegrando el ambiente y al personal. Este año no las guapas de Hollywood no saldrán en la tele con el bikini a rayas de la temporada. Ahora manda lo español, la banda de música y los sones de Paquito El Chocolatero, Manolete, España Cañí, El Relicario, Valencia, etc.

Ha sido idea de la bella Carmen, tras escuchar, junto al Tiovivo de El Corte Inglés de Serrano, el divino Stradivarius de Catulino Jabalón Cenizo, otro artista pidiendo en la calle, el concertino de la Orquesta Sinfónica de Murcia hasta hace poco, hasta que la eliminaron.

Pero, oiga, ¿Murcia tenía una Orquesta Sinfónica? Si señor, la pagaban el Ayuntamiento y la Comunidad, por un lado, y los constructores por otro, pero ya se sabe… llegó la crisis y todo se vino abajo. Porque lo de las Autonomías es una ruina a las que don Mariano y doña Soraya, les quieren cortar las uñas, algo de gasto, pero sus virreyes se han puesto flamencos, cuando lo que había que hacer es cerrarlas a capón, con apoyo de un referéndum nacional que se ganará por un 80 % a favor de su liquidación.

Don Catulino toca como los ángeles. Como si fuera Joshua Bell (el mejor violinista del mundo que actuó y fracasó en el metro de Washington donde recaudó 32 dólares), y a su pesar el murciano interpreta el Himno de la Alegría, de la 9 ª Sinfonía de Beethoven el mismo día que el Auditorio de Madrid dedicaba un homenaje, con ¡las nueve sinfonías, al sordo Ludwig! bajo la batuta López Cobos. El que, al mando de cuatro orquestas, como si de cuatro batallones se tratara, cumplió y arrasó al imbécil de Mortier (otro provocador como Mourinho que saldrá mal de Madrid), autor del desastre del Teatro Real con la ayuda de Gregorito Marañón.

Vibra en la madrileña calle de Serrano el Himno de la Alegría, que es también el de Europa, en vísperas de la cumbre del 27/28 de la UE a donde viaja Rajoy con la bendición de Rubalcaba. Ambos de la mano para pedir dinero: para los jóvenes parados, las Pymes, los bancos, los niños que no desayunan, y para pagar el escandaloso gasto autonómico que nos cuesta como poco un ojo de Zapatero y un Congo de Aznar.

Estos dos Rajoy y Rubalcaba bien podrían interpretar una película como la de ‘Los tramposos’, de Tony Leblanc y Antonio Ozores, con título de ‘Los Pedigüeños’, porque piden y a la vez presumen que España va bien. Sobre todo ahora que Mariano, y Montoro, De Guindos y Linde, van diciendo por ahí que acabó la recesión (sic), y por ello echaron las campanas al vuelo, para ‘doblar’ por la muerte de la Bolsa y la subida, como cohete de feria, de nuestra prima de riesgo que se llama Angelita como la canciller.

La férrea Merkel que tiene Europa parada y en un puño de hierro hasta que gane sus elecciones de septiembre. La Merkel de cuyos antepasados se acordaron algunos en el Auditorio, porque mucho amor a Beethoven en Madrid, pero Berlín no deja de tocarnos los morros a los ‘Pigs’ de la UE. Y claro, los griegos ya están como la mojama tiesos otra vez, y en Italia Berlusconi y Grillo andan a palos con la frágil estabilidad del país.

¿No hay nada que hacer? Hombre, se puede rezar y también se puede inventar algo mientras las bandas valencianas avanzan hacia el centro de Madrid. ¿Las oyes? Ya suena, vienen desde El Retiro y por la Puerta del Alcalá, ¡es la Banda de Liria! y está tocando El Gato Montés. Todo un contrapunto de ilusión ahora que los alemanes nos tocan diana al amanecer con La Heroica, pero los héroes también tienen un límite y se pueden cansar de tanto ajuste y tanta austeridad. Y entonces será una tamborrada, de Calanda, Baena y San Sebastián, la que encabezará la marcha de una espontánea rebelión social. Algunos políticos se la están buscando y, si todo sigue así, la van a encontrar.