La ‘mano negra’ de Montoro

El ministro de Hacienda, Cristobal Montoro, tiene que explicar en el Parlamento -como pide la oposición- y ante la opinión pública la rocambolesca historia de las fincas de la Infanta Cristina que nunca existieron y que por lo tanto no se vendieron y, que según la Agencia Tributaria, aparecían en el dosier de la Infanta y en su currículum fiscal, donde doña Cristina figura con su documento de identidad de sólo dos cifras (como los de la familia real) por lo que resulta imposible la teoría de dos DNI iguales, o parecidos, tal y como se ha dicho. Como extraño resulta que esa pretendida equivocación de los DNI haya ocurrido con operaciones que son tan dispares y de territorios tan alejados, de lo que se deduce que hay una ‘mano negra’ que ha movido las fichas de ese tablero con la aparente intención de pillar en un renuncio al juez Castro, a los medios de comunicación y a todo el proceso del caso Nóos, para embarrar la instrucción y evitar que la Infanta puede ser imputada por delito fiscal.

Porque a la vista están las escasas y contradictorias explicaciones de la Agencia Tributaria y el silencio calculado de Montoro. Este ministro calla a pesar de que tiene la lengua muy larga para las denuncias de políticos, artistas y periodistas. Lo que no hace, por ejemplo, con su colega Luis Bárcenas (por cierto ¿no era ilegal la regularización en la amnistía fiscal de los 10 millones de euros de Bárcenas en la amnistía fiscal al estar abierto su proceso judicial?) y los demás imputados del PP.

Que hable Montoro y que le quiten en público la máscara y los guantes al fantasma, o a los agentes secretos, que al parecer se ha dedicado a rellenar el historial fiscal de doña Cristina, no sabemos bien con qué intenciones pero a la vista de los beneficiarios del enredo -que ha dejado en ridículo a más de uno- cabe imaginar que aquí hay un enorme gato negro encerrado. Un gatazo que se ha colado por la gatera de la Agencia Tributaria y que ha creado el desconcierto en la instrucción del caso Nóos, donde ahora da la impresión de que la Infanta es la ‘víctima’, y no la beneficiaria de las andanzas de Urdangarin (y de ella misma en Aizoon).

Y para colmo del descaro de esta opereta en varios actos -que ya veremos si no acaba en drama- aparece Miguel Roca diciendo que no se van a querellar contra nadie porque admite errores. Pero ¿en contra de quien se pensaba querellar la Infanta? Sería en contra del Gobierno de Rajoy que ha enviado sus fiscales a defenderla, o de la Agencia Tributaria. A no ser que Roca estuviera pensando en querellarse contra esos presuntos intrusos de la Agencia que han manipulado los documentos, los datos, el DNI, y el informe falso que llegó al juez Castro.

Esto no puede quedar así, y menos en estos tiempos de espías por todas partes, de detectives involucrados en la políticas y de toda clase de escuchas y espionajes electrónicos que circulan a gran velocidad por todo el planeta, desde Pekín a Washington, pasando por Londres y Moscú y sospechamos que también por Madrid, con motivo de esta operación destinada a ‘embarrar’ el proceso de instrucción del caso Nóos.

Motivos todos ellos por lo que todo esto no puede quedar así en la nebulosa y la confusión. Que hable Montoro, o que hable Rajoy, o que Soraya en aras de la nueva y pretendida ‘transparencia’, nos ilumine con respuestas oportunas concreta y creíbles. Porque si no lo hacen el Gobierno y sus servicios secretos de información van a quedar en el campo de las sospechas como presuntos autores de una oscura operación con la que al parecer se pretende embarrar el capítulo fiscal/procesal de la Infanta Cristina que el juez Castro investiga para justificar su posible imputación, la que los fiscales del Gobierno de Rajoy de momento han conseguido frenar.