Chapuza con Infanta y el gran carrusel

Ahora resulta que la Agencia Tributaria que le quita importancia al hecho de que la Infanta Cristina tenga el 50 % de Aizoon, y a que desde esa sociedad, que se beneficia de los escándalos y los negocios de Urdangarin y Nóos en su vida personal y familiar, ha metido la pata hasta el fondo imputándole a doña Cristiana ventas de propiedades que no eran suyas, con lo que el enredo actual ha alcanzado cotas alta confusión e intensidad. Salvo que estemos asistiendo a una maniobra maquiavélica para embarrar el campo de juego y para que la Infanta aparezca como víctima de jueces y periodistas, una vez que en esto de la venta de las propiedades ha resultado ser una gran falacia por causa de los errores de la citada Agencia. ¿Qué hay detrás? O una chapuza asombrosa de la muy temida Agencia Tributaria o un misterioso culebrón, propio de los servicios de información.

Los ciudadanos de a pie no salimos del asombro con todo esto que pasa, mientras vemos a Rajoy tan contento y relajado subido en el nuevo AVE a Alicante -con su alcaldesa imputada- en la compañía del Príncipe Felipe al que Dolores Cospedal hace una reverencia, casi tocando el suelo con la rodilla, y alardeando el jefe del Gobierno de las infraestructuras espectaculares de España que ya las quisiera Angela Merkel para su país. Mientras que en los parques temáticos de la comunicación los carruseles de la gran montaña rusa audiovisual y escrita pasean a toda velocidad a los protagonistas de la corrupción. Algunos, como el tal Bárcenas que, muerto de risa, se mofa de tirios y troyanos mientras puede que esté preparando su fuga, como en su día Luis Roldán, porque a este don Luís que va de don Juan seguro que le quedan muchas cuentas secretas escondidas en otros paraísos fiscales.

En todo caso no hay día, ni hora, en el que no aparezcan nuevos escándalos, o más imputados al mismo tiempo que los políticos desmienten lo evidente, como Artur Mas frente a un Torres Dulce más firme y convencido de la corrupción de Convergencia en el Palau. Pero todos a sabiendas de que esos escándalos se dormirán durante años en largos procesos judiciales y que las sentencias no van a llegar antes de las elecciones de 2015, que es lo que desean los partidos y los políticos imputados para no complicar más su ya delicada posición y no recibir el justo castigo electoral.

Además, nos dicen los portavoces de los distintos poderes que están afectados, que no se puede generalizar y que España no es una excepción. Ahí está Sarkozy con la señora Lagarde, ahí está Berlusconi con su listado de escándalos personales, por ahí están las escuchas de Obama, y las de Gran Bretaña al G-20. Es decir en todas partes cuecen habas, aunque en España el perol está a rebosar.

Y ¿qué se puede hacer este gigantesco tinglado de la corrupción? Pues habría que crear unos juzgados especiales de la Audiencia Nacional para los casos de corrupción, con un urgente y acelerado procedimiento, y reforzar las penas de la ley para los corruptos y los corruptores en su más alto nivel. Y para empezar y a la espera de todo esto convendría que todos los imputados en los procesos en curso abandonen –aunque sea temporalmente y en aras de su presunción de inocencia- sus respectivos cargos públicos. Y a la par los jueces que llevan los más alarmantes casos deben contar con los medios necesarios, y la Fiscalía debe actuar con la mayor firmeza y diligencia sin dar ventaja a los poderosos tal y como se viene haciendo en la actualidad.

¿Acaso es esto posible? Pues creemos que no, porque los políticos al mando no quieren transparencia ni claridad sino más bien tapar sus responsabilidades y no desean que sus imputados, al verse en dificultad, solos y acorralados, se pongan a cantar y confiesen la completa verdad que en muchos casos no es solo personal sino que afecta a un colectivo o a un partido como suele ser habitual. O sea, paciencia y barajar.