Como tortolitos, en El Landó
Ahí están Alfredo y Mariano dándose por fin la mano en un pacto político. Como dos tortolitos dándose el pico sobre una línea de alta tensión -que el día menos pintado los deja a los dos fritos y sin plumas de un calambrazo-, escenificando la escena del sofá del Tenorio. O como Romeo bajo el balcón de Julieta, los dos juntos y revueltos como ‘los amantes de Teruel’ o los huevos con patatas fritas de ‘El Landó’. Quien lo diría, Rajoy y Rubalcaba han sellado la paz con un pacto político a los pies del volcán español, cuando ya estamos todos tiritando y temerosos de que una fuerte explosión lance un río de lava bajo nuestros pies.
Agua tenemos, y bendita sea en este país desértico por más que las riadas están haciendo mucho daño, pero el año próximo habrá poderosas cosechas y los campos de España están verdes como los jardines del Edén y las perdices, bien alimentadas -Isidoro, ya lo verás- volarán como cohetes en Valmojado y allá por donde se den. Lo que no sabemos es cuántos vamos a llegar en condiciones aceptables y favorables a ese curso prometido del año 2014, que la bola mágica del palacio de la Moncloa nos anuncia como la orilla de nuestra salvación. Se cuenta que muchos empresarios, emprendedores, autónomos, familias y personas de bien se van a quedar, o se han quedado ya, en el camino e imploran al cielo un milagro y algo de protección.
Pero hay otros muchos esforzados españoles luchando a brazo partido contra la crisis y la insoportable levedad de esta clase política en defensa de sus empresas y de sus empleados (víctimas todo y todos ellos de la demoledora caída del consumo y también de la brutal subida de los impuestos), como se ve en personas tan excepcionales como Isidoro Álvarez al frente de El Corte Inglés. Isidoro ¡vamos a por ellos, estamos todos contigo y ahora vamos a inundar de clientes y visitantes el ejemplar, por su calidad y por sus servicios, El Corte Inglés!
Y para hablar de esta gloriosa ‘rentrée’ un día de estos nos vamos a ir a comer a ‘El Landó’ -invita Marcello-, con Juan y Santiago, y con Pepe Oneto y Toni Llatas (si se porta bien), para celebrar el gran salto hacia adelante que vamos a dar y, antes de que aterricen por allí esos dos marcianos que son Rajoy y Rubalcaba, los que capaces son de beberse la cosecha de Contino o Imperial -que han salido muy bien- para olvidar lo mal que se les da la política a ambos dos.
La crisis implacable está poniendo a prueba el carácter batallador y la capacidad de muchos empresarios por más que, en algunos casos, ésta sea una misión imposible. Y, como decía el sabio de don Camilo José Cela, el del Premio Nobel, “el que resiste gana” porque el tiempo suele dar la razón a las grandes personas y a las que obran de buena fe.
Se ve, por ejemplo, en el comercio de calidad -otra cosa son las tiendas de lo barato y del todo a cien, modelo Gao Ping- y en el sector de la restauración, por citar un ámbito de los pequeños. Lo hemos visto, por ejemplo, en Madrid, donde la alcaldesa Ana Botella le tiene que dar el Premio Madrid a Angelito González, el gran capitán del restaurante ‘El Landó’, de Las Vistillas, uno de los mejores de la capital del Reino. Y no solo por la calidad de su comida sino también por el servicio y equipo (Benjamín, Ángel J.R., Simón, Elio, Finciano, Fco. Javier, Santiago, Saturnino, José y Rafael), once artistas con el jefe que suman una media de ¡33 años en la casa!, se dice pronto, y por eso les va tan bien.
Algunos de los grandes y pequeños empresarios son los héroes de este difícil momento español, y con ellos hay que estar sin perder de vista su larga y apasionante trayectoria. El uno, don Isidoro, viniendo de su Asturias patria querida al gran comercio de Madrid donde se doctoró como gran líder del empresariado europeo; y el otro viajando a lomos de su mula Francis para vender pimentón de la Vera por La Alcarria hasta que llegó a Madrid, y se subió en El Landó. Y ahí están ambos al pie del cañón, luchando y también a la espera de frutos de este tardío y apasionado amor de Alfredo con Mariano. A ver qué sale de bueno, si es que sale algo, de ese arrullarse de los dos tortolitos de la política en el cable de la alta tensión. Al que había que enviar un latigazo eléctrico para que espabilen un poco y les salga el carácter -si es que tienen- para enderezar este bendito país. Con estos dos difícil lo tenemos, pero no nos vamos a cansar, ni nos vamos a rendir.








