Niños hambrientos, cuestión de Estado
Al Gobierno de Rajoy, para empezar, y a los de Cataluña y de Andalucía para continuar, se les debería caer la cara de vergüenza ante las noticias de miles de niños que no tienen nada para comer o muy poco y llegan hambrientos a los colegios. Esto sí que es un escándalo nacional español, lo suficientemente grave como para echar el cierre en las pomposas reuniones -que no sirven para nada- de la Marca España, porque estas noticias del hambre de los niños en España pueden con todo lo demás. Y en ello brilla por su ausencia el Gobierno de España que debió investigar e incluso prevenir estas situaciones, cosa que corresponde a esa ambiciosa acumuladora de cargos (y de fracasos) que es vicepresidenta de casi todo Soraya Sáenz de Santamaría, ante la ausencia habitual del presidente Mariano Rajoy.
¿De qué sirve ese pomposo Consejo de la Seguridad Nacional -donde no se han incluido Ceuta y Melilla, que son el único punto esencial y potencial de riesgo de la defensa España, o el riesgo del independentismo-, si este país no es capaz de darle de comer a sus hijos mas pequeños? Y que no nos hablen en la Moncloa de eso de las competencias autonómicas porque el hambre de los niños es una cuestión de Estado -y no solo los escándalos de la familia real- y como tal debería ser abordada.
Y no será porque nadie le dijo a la vicepresidenta, desde el primer día que llegó al poder (que sí se lo dijimos), que se ocupara con urgencia de los desamparados españoles. Pero la tal Soraya no ha hecho nada, salvo eso sí, enviar miles de millones a salvar la banca o a los fiscales a tapar los escándalos de príncipes o banqueros o contra los escraches, mientras son muchos, miles, los niños de España que no comen bien todos los días, o comen poco y mal.
Y nos decía Rajoy hace poco en Sitges que proliferan discursos apocalípticos. Pero ¿acaso no es el hambre uno de los jinetes de la Apocalipsis? La falta de sensibilidad democrática y social de este Gobierno es asombrosa y escandalosa. En cuanto a los gobiernos autonómicos de las Comunidades de Cataluña y Andalucía, algo parecido se les debía decir por el fracaso de estas máquinas de derrochar dinero que son las Autonomías y sus líderes/caciques respectivos. ¿Cuánto se gasta Cataluña en disparates soberanistas y propaganda de televisiones autonómicas? O ¿cuánto se gasta Andalucía en ferias, procesiones, festejos, romerías, y en esas más que demenciales cadenas de televisiones públicas al servicio del más rancio folklorismo?
Pues unos y otros cifras demenciales. Y ahora, tarde y mal, tanto en Cataluña como en Andalucía -y habrá otras Comunidades con problemas parecidos- se descubre que los niños tienen hambre y que algunos de ellos solo comen una vez al día, lo que les dan en el colegio por lo que no sabemos (¿Qué pasará cuando cierren los colegios por vacaciones?). Esto sí es un auténtico drama nacional.
Y todavía dice Rajoy que ¡paciencia! Pues ya no hay paciencia, señor presidente del Gobierno de España, sino hambre infantil, y situaciones ruinosas y desesperadas, y suicidios que no paran de crecer. Entonces ¿para qué nos sirve ese Consejo de la Seguridad Nacional? Imaginamos que para prevenir un ataque marciano o bombardeo nuclear desde el búnker de la Moncloa, que es donde a buen seguro echa la siesta don Mariano, para que nadie le vaya a despertar.








