Los Troyanos

El fantasma de Berlanga debe estar relamiéndose en su alto mausoleo mientras escribe una nueva versión de sus obras ‘La escopeta nacional’ y ‘Todos a la cárcel’, adaptada a los tiempos españoles que estamos viviendo. Y especialmente centradas en los casos de la corrupción política que asolan nuestro país. Y si alguien necesita un guión de urgencia sobre todo ello que nos llame, porque aquí podemos fabricar varios con desenlaces a escoger, y con personajes del mas alto linaje, de mucha fama, dinero y poder que harían las delicias de cualquier espectador.

Y por si algo faltaba en el guión nuestro de cada día que ahora ha convertido los telediarios en pasarelas de la corrupción nacional, con o sin escopeta, desde el ministerio de Justicia, donde habita el hombre de toga y el gran collar, nos llega la amenaza del virus informático para espiar a media España y perseguir la otra media, mediante la infiltración de ¡Los Troyanos! Unos enanitos que son casi transparentes y registran ordenadores, tabletas y teléfonos móviles para que el Gobierno, los fiscales, los jueces y el CNI, tengan a todo el mundo controlado con esa orwelliana invención de la que es autor nuestro ilustre ministro Alberto Ruiz Gallardón.

Como no teníamos bastante con el discurso de ‘las troyanas’ que Rubalcaba quiere imponer con las listas electorales ‘cremallera’ del PSOE -¿y qué pasa,entonces, con las cuotas de las lesbianas y de los gays, los inmigrantes y las personas de otra raza y color, no tienen sitio en las listas?-, entonces llega Gallardón, a quien no se le ocurre nada bueno, y propone la invasión troyana, en honor de aquel caballo de madera, preñado de griegos, que Agamenón dejó a las puertas de la mítica ciudad de París y Helena.

Cuando parecía que habíamos conseguido extirpar el cáncer de la pretendida prohibición de informar sobre los procesos judiciales, llega Gallardón, el enemigo número uno de la democracia y de la libertad -visto su reformismo involucionista- y nos suelta a Los Troyanos en medio del mundo global y comunicado español a ver qué pilla, o a ver a quién pilla con las manos en la masa, en la pasta o en su intimidad para tener vigilado y asustado a todo el personal.

No conocíamos esta afición vouyerista del ministro Gallardón, pero nunca es tarde para conocer al personal. Máxime cuando este ministro se ha empeñado en exhibir la colección de maldades que tenía escondidas bajo su toga de fiscal, y que ha ido derramando sobre la mesa del Consejo de Ministros con aviesa intención, lo que al resto de sus colegas de Gobierno, empezando por Rajoy, no les ha parecido nada mal porque todo lo que vaya en contra de la democracia y las libertades es algo que les suele gustar a los político partitocráticos que están sentados en los más altos rangos del poder.

Sin embargo, todo esto de Los Troyanos, la censura, el control y reducción del poder judicial, o lo de poner a los fiscales al frente de la instrucción judicial, todas esas vendas involucionistas que Gallardón se pone para prevenir las posibles heridas, han de tener una explicación o concreto fin, además de la defensa a ultranza de la familia real, la pretendida cuestión de Estado, ¿Cuál es el temor de Gallardón para poner tantas barricadas frente a la Justicia y la libertad de expresión? ¿Acaso teme -como le diría Rubalcaba- un ataque de sinceridad de Fefé ante un juez, o la aparición de alguna cosa de mayor calado que eso del caso Nóos y de los regalos del que fue su Ayuntamiento a Iñaki Urdangarin?

Algo huele a podrido y no sabemos qué, para que Gallardón esté sopesando el lanzamiento de una legión de troyanos en contra de la población. Vamos a hacer unas indagaciones, antes de que nos inunden el ordenador, y veremos si estamos en condiciones de explicar estos disparates, porque la benévola versión según la cual a Gallardón se le ha escapado el Franquito que llevaba dentro, no nos parece un argumento suficiente y mayor.