Piqué: aterriza como puedas

¿A qué juega Josep Piqué? Pues puede que a ser un ‘caballero español’ en la Corte catalana del Rey Artur Mas. El hombre comodín, español, catalán del PP, se dice que próximo a Rajoy -‘ma no troppo’ que diría González-, y a Lara, pero no a Cayo sino a José Manuel, el de Planeta, que es donde trabaja la esposa de Josep Piqué, Gloria Lomana, la ‘Lomana bonita’ que diría Paco Rabal en los Santos Inocentes. La misma que en una entrevista le pidió a Rajoy que le diera a su esposo una vicepresidencia de Economía y Exteriores, y que acaba de entrevistar a un Aznar furioso como Rolando. Aparición en Antena 3 TV, pactada a la espalda de Rajoy en la que Aznar le clavó un puñal ante los ojos absortos de Mauricio Casals, que fue representado en la escena del crimen por el tal Maruhenda, una marioneta al servicio de la Moncloa que ni se atrevió ni a hablar.

¿A que juega Piqué? Pues a todo porque quiere ser el presidente del Gobierno de España, bien como sucesor de Rajoy, bien como el caballero blanco de Aznar, en su nueva cabalgada. Aunque de momento se conformaría con una vicepresidencia Económica a la sombra de Rajoy para ver si el de Pontevedra se desmaya, o acaba perdiendo la mayoría absoluta y él se convierte en el hombre del puente para un gobierno de coalición, incluso para salvar la crisis catalana con la que Piqué se considera tan compresivo.

Entre otras cosas porque eso a él le conviene, porque le da cierto protagonismo en Barcelona y en Madrid. Y además le permite el presentarse como el hombre puente, amén de abrirle las puertas de no pocas empresas y de sus Consejos de Administración en los que gana un dineral, además de presidir Vueling.

De momento, Piqué ha tenido sus momentos de gloria durante las jornadas de Sitges del Círculo de la Economía que él preside, y en las que se le ha visto muy solícito con Rubalcaba y muy exigente con Rajoy, quien estuvo incómodo en semejante encerrona, a la vez que no olvidaba la entrevista de Lomana con Aznar. No en vano Piqué es muy complaciente con el independentismo -vive en ese ambiente de la burguesía catalana- y, por ejemplo no se ha molestado (no nos vamos a cansar de decirlo) en hacer dentro de su Círculo económico catalán un ejercicio práctico tan sencillo como el de evaluar contablemente el total y global de la relación económica de Cataluña y los catalanes con el Estado y el resto de España. Y no solo la balanza fiscal, sino también la comercial, la financiera, la turística, la de servicios y activos del Estado, etc, parta demostrar a los catalanes que son los grandes beneficiados de esa relación con el resto de España y el Estado español.

Pero claro si Piqué levantara ese telón y se viera que Cataluña le ‘debe’ dinero a España y no al revés, sería acusado de traición y mal visto por el poder catalán, y perdería su presunto ‘seny’ y a lo mejor influencia y negocio personal. O sea que a él le conviene un poco de tensión para figurar, mediar e intrigar (de momento juega a ser el Miguel Roca del PP) . Y sobre todo Piqué quiere ver como se las arregla para llegar al Consejo de Ministros por segunda vez, y desde ahí colocarse para saltar sobre la sucesión o la herencia de Rajoy en el PP y el Gobierno de la nación. Estamos ante una nueva versión política del ‘aterriza como puedas’, en la cúpula del poder nacional, lo que aplicado al actual presidente de Vueling no suena nada mal.

Aunque antes convendría saber, con precisión, cuál es de verdad la posición de Piqué sobre el desafío catalán: si está por la unidad a secas en España, por el modelo federal, confederal, o un Estado asociado o por la independencia. Y además habría que pedirle, en caso de no estar por la independencia como parece, que explique como puede CiU dar marcha atrás y a cambio de qué. Y también cuál es el modelo democrático que hay que incluir en la reforma de la Constitución, que él dice aconsejar. Porque cuando estaba en el Gobierno con Aznar nunca habló de todas estas cosas ni las vio venir, por más que ahora se ponga al frente de la manifestación. Y como es lógico y natural en su propio beneficio, ¡faltaría más!