Gallardón y el fiscal del membrillo

Este genio de la fiscalía al que cariñosamente llamamos Torres Dulce de Membrillo, y que en mala hora se sentó en la fiscalía general del Estado aceptando la oferta que le hizo el ministro Gallardón, se está convirtiendo en un peligro público nacional y en la mano larga de Gallardón (es decir de Rajoy) para la puesta en marcha de un proceso de involución democrática en España.

La última aventura del Membrillo ha sido decir que no hay delito en el caso de las ‘Preferentes’, que son a todas luces una estafa, que ya han merecido decisiones judiciales claras, que incluso han sido denunciadas por la CNMV y que no hay que ser un genio ni fiscal para adivinar que ‘algo huele a podrido’ en estos ingenios de manipulación financiera que han dejado a personas mayores e inocentes en la ruina por aceptar el brillo de un mineral que no tenía nada que ver con su apariencia.

Si a todo ello añadimos la desvergonzada protección de la Infanta Cristiana en el caso Noos -lo que no se ha hecho con la mujer de Torres, o con la Pantoja, y otros casos parecidos- y solo por haber sido llamada a declarar, o la actitud de la fiscalía en los casos de la corrupción del PP y otras andanzas siempre en la defensa de los poderosos, veremos que este Gallardón y su fiscal Torres Dulce de Membrillo, se están convirtiendo en escudos de poderosos y están dejando por los suelos no solo al ministerio fiscal, sino a la propia Justicia. Como guardianes que son de Infantas, banqueros y de los políticos.

Si añadimos la tentación de Gallardón de recortar la libertad de expresión, o el derecho a la información en procesos judiciales, o su ‘jibarización’ y control del Poder Judicial y su burdo empeño en colocar a un ‘comisario político’ en el Tribunal Supremo, veremos que este ministro de Injusticia, cuyos hilos mueve a placer Rajoy para que se estrelle para siempre, se ha convertido en un peligro público para la vida democrática del país (como ahora lo descubren sus amigos del Grupo PRISA). Sobre todo cuando, a la vista de lo que ahora hace con los fiscales, Gallardón (fiscal él) pretende, ni más ni menos, que la instrucción judicial pase de los jueces a los fiscales con lo que no solo estaremos ante el segundo entierro de Montesquieu sino ante la profanación de su tumba.

Y si añadimos a todo esto la involución en la ley del aborto, o las tasas y otras reformas judiciales, pues ya tendremos a la vista y correteando por ahí a este nuevo Franquito que se le ha escapado a Gallardón de su fuero interno, y que él tenía calladito y oculto hasta que se sentó en el Gobierno de la nación y en el ministerio de Justicia (dicen que por sugerencia del Rey).

Y con el Membrillo ¿qué hacemos? Pues Torres Dulce debería dimitir y regresar a las noches del cine en blanco y negro, porque su paso por la fiscalía general está degenerando en una película de terror a todo color. Una obra maestra, destructiva y despiadada al estilo de Tarantino pero sin la gracia y originalidad de tan genial autor. En todo caso nada que ver con la delicada obre de Erice, ‘El sol del membrillo’ dedicada al sueño de un espléndido pintor.