El Gobierno a palos con el periodismo

Desde que inició su andadura el Gobierno de Rajoy, es decir Rajoy, ha decidido obviar o ningunear a los periodistas y los medios de comunicación, salvo  los que controla directamente del Estado y de grupos afines de comunicación, y eso le ha creado serios problemas de imagen y credibilidad.

Todo se inició el día que Rajoy convocó una rueda de prensa para dar la lista de su primer Gobierno. Llegó, la leyó y se fue sin dar la oportunidad a una sola pregunta. Luego vino su escapismo habitual que alcanzó altas cotas el día que Rajoy salió huyendo por el garaje del Senado, cuando la prima de riesgo superó los 630 puntos. Y finalmente llegaron las apariciones en ‘plasma’ y sin preguntas.

Todo ello adornado de la discriminación selectiva de medios y periodistas, y de la falta de un programa especial de ayudas al sector informativo, seriamente dañado por la crisis. Ayudas que sí han llegado, directa o indirectamente a los adictos a la Moncloa en ventajas institucionales, contactos e información de privilegio, entrevistas seleccionadas, y especial menoscabo al periodismo de Internet donde están refugiados no solo los periodistas independientes sino también muchos de los que han perdido su empleo.

La guinda a semejante embrollo la puso el ministro Gallardón con su comisión asesora que pretendía amordazar a medios y periodistas en la cobertura informativa de juicios importantes de indiscutible interés informativo y social, lo que unido a las posiciones involucionistas del ministro de Justicia en materia de control orgánico por el Ejecutivo del Poder Judicial, ofrecía un panorama desolador en el campo de la democracia y de las libertades. Algo que no es de la sola responsabilidad del ahora titular de Justicia sino del propio Rajoy.

El que recientemente ha escenificado un claro acercamiento al Grupo PRISA, próximo al PSOE, y bajo cuyo mandato no han parado de crecer los programas bronquistas audiovisuales de radio y televisión en grandes cadenas como COPE, Telecinco o La Sexta, mientras el RTVE el oficialismo de baja calidad daba pésimos resultados, como los relativos al hundimiento de RNE o a la falta de pluralismo profesional. Generalmente sometido a las cuotas ideológicas, de género o de periódico de papel, en lugar del criterio del periodismo profesional e independiente que, por lo que se ve, no les interesa ni al PSOE ni al PP.

Esperar de Rajoy un acercamiento al periodismo profesional, limpio e independiente no parece plausible, dada su pésima opinión de este sector de la sociedad, generalmente mejor valorado que la clase política. Aunque tanto en el Gobierno como en el PP se suele reconocer que falla la comunicación, pero entendida como propaganda. Como fallan la eficacia de los portavoces del Ejecutivo y del PP y sobre todo la voluntad de rectificar esta situación, que incluye un profundo desprecio del mundo de las redes sociales y los medios de Internet.

Naturalmente cuando en 2014 se acerque la fecha de las que serán primeras elecciones a la vista (las europeas), entonces se apreciará un acercamiento a los medios, pero puede que para entonces sea demasiado tarde. De momento a Rajoy, todo eso le da igual porque ve muy débil a la oposición y cree que no tiene adversario, pero puede equivocarse si no rectifica a tiempo.

Para ello sería crucial una crisis de Gobierno que incluyera cambios en la política oficial de la portavocía y comunicación. Un cambio de Gobierno que además parece necesario (y no solo por el caso flagrante de Ana Mato) a la vista del desgaste y la ineficacia del Gabinete de Rajoy. Pero ya se sabe cómo es el presidente y lo poco que le gusta cambiar y rectificar. Él piensa que el tiempo lo arregla todo, pero a veces el tiempo lo suele empeorar sin visos de solución, máxime en esta difícil y complicada situación nacional.