San Isidro

El patrón de Madrid nos tiene abandonados a ‘los gatos’ de la capital de España convertida en ‘rompeolas’ de manifestantes y en fallido centro de poder porque todas las miradas que llegan de la periferia no alcanzan a adivinar ni el cielo transparente de la atribulada capital del Reino -venido a menos-, ni las luces de guardia y encendidas de los palacios al anochecer, dando idea de que en los mas altos despacho del Régimen en decadencia y a la deriva, se está trabajando sin cesar en busca de la poción mágica o tónico que dé ímpetu renovado al enfermo cuerpo español.

Ayer, el diario El País -tan amigo de Rubalcaba- quiso festejar la jornada del santo patrón madrileño con una encuesta donde dice que el PP perderá Madrid en las próximas elecciones municipales de mayo de 2015, como España perdió Cuba o el Real Madrid la Liga y la Champions. Los de Prisa -que eran tan amigos de Ruiz Gallardón- han lanzado una puñalada trapera contra Ana Botella para estropearle la fiesta, en el día de su recepción institucional, que se inició con un homenaje a la Constitución y acabó con un ‘espiritual’ Gospel a ciegas que dejó turulatos a los convocados en la plaza de la Diosa Cibeles, que a punto estuvo de lanzar sus leones y su carro a toda velocidad hacia el fin del mundo o hacia la Puerta del Sol.

La foto electoral de hoy, mala para el PP (y para el PSOE), puede que no sea la foto electoral definitiva de 2015. Y en descargo de la alcaldesa tenemos que decir que doña Ana Botella puede que haya tenido la ambición desmedida de ocupar tan alto cargo tras la fuga de Gallardón -al que no le ha salido bien su entrada en el Gobierno donde ha dilapidado en año y medio su aureola de gran político del centro español-, pero también hay que reconocerle a  doña Ana el valor de subirse al carro de Cibeles, a sabiendas del enorme lastre -más de 7.000 millones de deuda- que recibía de su antecesor y del gran desafío, que es Madrid, y que ella debía de gestionar en plena crisis económica nacional. Es cierto que nadie la obligó a decir sí, pero asumió el reto y veremos cómo y hasta dónde llega cuando termine la legislatura, si es que en su partido las furiosas damas de corazones -Aguirre, Cospedal, Cifuentes, Soraya y compañía- la dejan trabajar en paz.

En Madrid, en estos últimos días, hemos pasado de las aguas torrenciales a un calor propio del mes de agosto, y ahora vuelta al frío de la sierra y a las lluvias de San Isidro que tienen en un ‘ay’ a la afición taurina de Las Ventas, que disfruta de la Feria taurina mas importante del mundo, y donde no se ven en las barreras de postín ni a miembros de la familia real -se refugian en los palcos del fútbol- ni tampoco a los miembros del Gobierno de la nación por lo que pudiera pasar. No en vano los toros -mal que le pese a Manolo Vicent (asesino de pececitos que se come alegremente tras ahogarlos en un plato de Suquet)- siguen siendo un acto de la más directa democracia donde el público decide los premios y los castigos a mano alzada.

Ayer en San Isidro, la plaza estaba a rebosar para ver al joven Ángel Teruel, Castella y Perera, pero la corrida sufrió un retraso de media hora -algo inusual en nuestra puntual fiesta nacional- por causa de los areneros y pintores del ruedo que entretuvieron media hora al personal hasta que la banda municipal se arrancó de una vez por todas con el Gato Montés. No pasaron muchas cosas, pero dos muy buenas: dos pares de banderillas impresionantes de Javier Ambel, de la cuadrilla de Castella; y una oreja bien cortada y merecida para Miguel Ángel Perera, que no consiguió doblar en el quinto de la tarde, para abrir la puerta del triunfo. Algo es algo en un día tan especial y vigilado de cerca por Bienvenida y Luis Miguel, y todos a la espera de un milagro de San Isidro y no para que llueva más, que agua tenemos suficiente, ni para que llueva café, sino empleos y esperanzas si no es mucho pedir, aunque puede que sea demasiado por lo que se ve.