La Isla del Tesoro

El navío en el que viajaba escondido en un barril de manzanas Jim Hawkins, el joven protagonista de ‘La Isla del Tesoro’ se llamaba ‘La Española’. El barco en el que se desarrollaron gran parte de las aventuras del relato del genial escritor Robert Louis Stevenson, que hoy traemos a esta crónica no solo por el nombre (La Hispaniola) de la nave sino porque en España todos estamos buscando el tesoro que ha de sacarnos de la postración en la que vivimos y que, como en la novela, su captura y posesión desata pasiones y enfrentamientos agrios como lo vemos a diario en la política, con minúsculas, que adorna el panorama nacional.

Nos hubiera gustado -tiempo atrás así lo creímos- que Soraya, la vicepresidenta y portavoz del Gobierno, hubiera interpretado el papel de Jim en la versión hispana de la busca frenética del tesoro nacional. Pero la que fuera ‘la niña de Rajoy’ se ha transformado hasta acercarse más a otro rol de la ficción internacional: ‘La niña del exorcista’. O si queremos seguir con el delicioso relato de Stevenson interpretando papel del loro, o la cotorra parlachina, que llevaba sobre su hombro John Silver el Largo, el viejo pirata de la Isla del Tesoro. Largo y desaliñado como el mismísimo Mariano Rajoy con la gabardina azul de tres cuartos al pregonero, su barba/cuello sin afeitar, y esas horribles corbatas a rayas que su jefa de prensa le comprará en ‘los chinos’ para ahorrar. El mismo Mariano que pasea por la cubierta de La Española, con su pata de palo, o del marfil de una vieja ballena blanca llamada Moby Dick.

Lleva la cotorra Soraya dos sesiones de control del Parlamento que son para olvidar, como ella parece haber olvidado la dignidad del cargo de vicepresidenta del Gobierno de España que ostenta. Luciendo su inagotable locuacidad entre mentiras de ruedas de prensa y pésimos modales en sus respuestas, sin respuestas, a las preguntas de los diputados de la leal oposición del Reino de don Juan Carlos I, en cuya Corte se festejan los triunfos del fiscal general Torres Dulce de Membrillo, frente al juez Castro. El que pretendía imputar a la Infanta Cristina citándola a declarar, y que lleva sobre su espalda sendas banderillas de fuego que lejos de desanimarlo renovarán su bravura como bien cabe esperar.

Pues bien, mientras Mariano, o mejor dicho John Silver El Largo se pasea por el hemiciclo del Congreso, presumiendo que ya ha pasado el Cabo de Hornos -’lo peor’- e ignorando una legión de seis millones parados que pronto serán siete, a la cotorra Soraya, maleada por la práctica de la política, le ha salido a flote el mal de altura y se dedica a propinar golpes bajos a los diputados que osan interpelarla.

Hace quince días y con descarado cinismo tuvo la osadía política de recriminar al líder nacional de IU,  Cayo Lara, que la interpeló sobre los impuestos, increpándole que IU de Madrid tiene deudas con Hacienda. Sin duda otro chivatazo del muy inefable Cristobal Montoro, ese ministro con cara de conejo al que doña Esperanza Aguirre corre a tiros, con la lupara de Pedro J., por su inagotable obsesión de subir los impuestos a los españoles.

Pues bien, sabiendo como sabe Soraya la que tienen liada en el PP con Gürtel, Bárcenas, los sobresueldos, la financiación ilegal, los sobres y los finiquitos diferidos de su contabilidad y sus propios trucos con la Hacienda Pública, ¿cómo se atreve a agredir a IU de Madrid de semejante manera? La diferencia entre los citados casos de IU y del PP estriba, como dice Baura, en que los problemas de IU en Madrid se derivan de su pobreza y penuria (ellos no reciben financiación ilegal), y los del PP de sus golfos y de sus golferías. Véanse los últimos episodios de Gürtel y Bárcenas.

Ayer la cotorra parlachina volvió a repetir el espectáculo de la agresividad gratuita en contra de su tocaya, la Soraya (Rodríguez) de Valladolid y del PSOE, que últimamente le está ganando las porfías a la vicepresidenta. Harta de razón, la diputada del PSOE le exigía disculpas al Gobierno por las palabras del ministro de Interior Fernández (y Hernández como los inspectores de Tintín) en las que comparó el aborto con el terrorismo de ETA. Y ¿qué hizo la vicepresidenta del Gobierno? Pues otra vez regresar a las malas maneras y meterse en los asuntos internos del PSOE y del PSC, en vez de responder lo que a todas luces no podía responder sobre su compañero del banco azul eléctrico. En cuanto a lo de la soberanía catalana quien tiene que dar esa batalla es Mariano El Largo, si es que se atreve con Artur Mas.

Soraya ha perdido los modales como consecuencia de lo mal que le van las cosas en el Gobierno y en su vicepresidencia. Y está de los nervios y arremete con inusitada furia contra el que se atreva a poner en evidencia su escasez democrática. Y es una pena que la que fue aprendiz de Jim Hawkins, y que nunca debió de salir del barril de las manzanas, se haya subido al hombro de Mariano, El Largo, para cotorrear y dar picotazos a todo el que se le acerca al cofre donde se oculta el mapa de La Isla del Tesoro, mientras La Española corta el agua y navega a todo trapo y con viento de popa por los azules y paradisíacos mares del Sur.